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| 03 de Enero de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Joven obrero viajó desde Santiago para exigir que cantara Gardel Obrero asesinó al patrón que tiró pal monte con su sueldo Según la policía el homicidio se registró en el sector de Trehuaco cuando el joven trabajador no pudo contener la ira al darse cuenta que su ex jefe, como buen forestal, cuando llegó la hora de pagar tiró pal monte con la platita que le correspondía. Según pudo averiguar La Cuarta, el diario a prueba de desmentidos, el primer capítulo de la tragedia se escribió en la comuna de La Reina, en Santiago, cuando Pablo Salazar Cerda, de 19 años, con los bolsillos planchados, decidió viajar al sur para cobrar una deuda histórica. Con esa idea en la cabeza llegó hasta la casa de Nelson Espinoza Rodríguez, ubicada en el sector de Ballica. Ya en el lugar, y luego que Salazar preguntara a qué hora cantaba Gardel, y exigiera que Espinoza le entregara en metálico el turrón que le correspondía con la vieja fórmula de "saltarín, dijo el Profeta"; se inició una desagradable discusión. Pronto el palabreo lingüístico pasó a la etapa física de los topones; los topones a la mecánica de empujones, y los empujones ascendieron al crítico nivel de coscachos. Cuando los coscachos alcanzaron la categoría de aletazos y los aletazos se transformaran -por esa rara alquimia que rodea este tipo de situaciones- en combos en el hocico, ya se pudo decir derechamente que Salazar y Espinoza no habían llegado a acuerdo por las buenas y estaban peleando. En medio de la riña el joven se dio cuenta que tenía todas las de perder, ya que era sobrepasado por la fuerza de su contrincante, y para inclinar la balanza a su favor, sacó del cinturón un afilado punzón e hirió de muerte a su oponente. Enseguida Salazar tendió el cuerpo de su víctima en una cama, se lavó las manos retintas por la sangre del cristiano insolvente y salió tranquilamente desde la vivienda con dirección el terminal de buses, con la intención de abordar la primera máquina que saliera rumbo a la capital Estaba comprando el pasaje cuando una pareja de carabineros, que ya se habían enterado del homicidio se le pusieron al costado y luego de leerle, con voz pausada sus derechos, lo invitaron cortesmente a seguirlos hasta la tenencia de Quirihue, donde quedó a disposición de los tribunales del crimen.
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