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| 05 de Enero de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La ventanita sentimental doc@lacuarta.cl
Paso a contarle el drama que tengo: Soy una sureña de 22 años que por contactos familiares me vine a trabajar a una casa de una familia muy acomodada de Santiago. El trabajo es muy agradable y el sueldo mejor aún. Somos varias personas las que tenemos el trabajo de atención a la familia, entre ellos, mi pololo que trabaja de chofer-junior. El dueño de casa se fijó en mí. Es un señor mayor de 60 años muy amable, cariñoso y generoso. La verdad que en un comienzo me incomodaba su acoso, pero con el tiempo, llevamos un año, me acostumbré. No son muy frecuentes nuestros encuentros, ya que la señora no sale mucho, pero cuando puede, me solicita algunas atenciones especiales. Él se encarga de preparar el ambiente de tal forma que el resto del personal se encuentre ocupado o lejos de la casa. El problema comenzó cuando el hijo menor de la familia, que tiene 18 años, me dijo que sabía de esta relación. Creo que está de más decirle cuál fue el precio de su silencio y él, a diferencia del padre, me busca todo el día. En algunas oportunidades hemos mantenido relaciones varias veces en un mismo día, en diferentes lugares y horas. Le mentiría si le dijera que no me gusta, él es un joven muy simpático, apuesto y vigoroso (un verdadero conejo), como usted comprenderá. Las fuerzas me flaquean para efectuar mi trabajo, especialmente cuando he estado con los dos, pero, para evitar pelambres, apechugo calladita. En ocasiones después del trabajo, mi pololo también quiere que estemos juntos, pero la verdad es que no puedo, lo que está deteriorando nuestra relación. Es un buen hombre y me gustaría casarme con él. Lo que pasa es que, por el momento, no podemos y el trabajo lo necesitamos los dos. La consulta es: ¿Aguanto hasta que se le terminen las vacaciones y se le pase el entusiasmo al joven, le insinúo al papá lo que está pasando o me busco otro trabajo? Yo sé que no está bien todo esto, pero necesito el trabajo y la plata. Sureña aproblemada Mi perra:
Veo que en esta película porno, protagonizada por un viejo y billetudo fauno, un joven lobo de tremendo colmillo y apetito insaciable, una tierna e inocente Caperucita Roja que no sabe decir que no y un pequeño reparto, hay una sola víctima: El chofer-junior que se va por el alambre y ya parece alce. La verdad es que aunque a veces termina el día más deshilachada que ensalada de penca y, seguramente, con chupones en todo el cuerpo, usted no tiene ningún deseo de dejar este aporreado trabajo. ¿Y sabe por qué? Es que le está hallando un gusto especial a la pega, donde la voltean a cada rato y puede comparar los estilos diferentes de padre e hijo. El veterano es tan correcto que a lo mejor le pide permiso para sacarle el colaless y hacer diabluras que la señora ni se las sueña. El hijo, en cambio, debe echarle para adelante con todo, con vigor de potro, reemplazando la calidad por la cantidad. Usted dice que necesita el trabajo. Yo creo que necesita más la plata. DR. CARIÑO |
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