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| 10 de Enero de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La ventanita sentimental doc@lacuarta.cl
Le escribo a usted, porque sé que es la única persona que me puede ayudar. Le cuento que tengo 22 años y pololeo con un amigo del Orden y Patria. Él está muy lejos y como verá, me vienen los instintos animales y me desquito con lo que tengo más cerca. Es un amigo de nuestro país vecino. El problema es que yo quiero a mi pololito y me pesa la conciencia después de estar en el ring de cuatro perillas. Mi pololo es bueno por donde se le mire, pero mi pregunta es: ¿Qué debo hacer cuando mi instinto animal sobrepase mi ser? Desde ya muy agradecida de su consejo. Alicia Mijita:
Créame que entiendo su desesperación cuando no tiene una luma a mano. Y también sé que la carne es vital para que el organismo funcione adecuadamente, aunque no hay que exagerar, porque el colesterol acecha. Por eso, no la voy a criticar y menos denostar porque, de vez en cuando, olvida el garrote de su paquito propio y se conforma con lo poco o mucho que le pueda dar ese amigo del país hermano. Si éste es argentino (porque también podría ser peruano o boliviano), me temo que perderá por largos períodos su apoyo logístico, que la deja tranquila, relajada y satisfecha, porque al che la miseria le canta su canción de invierno, como en el tango. Para qué le voy a hablar del manso quilombo que hay en Argentina. O sea, mi querida e inocente niña, que está a punto de perder pan y pedazo. Eso de que muy a lo lejos le remuerda la conciencia cuando deja a su pololo incapacitado de ponerse la gorra por los cuernos, habla muy bien de usted. Y cuando su instinto animal la sobrepase, dése duchas heladas tres veces al día. El baño de asiento en hielo, también es muy efectivo. DR. CARIÑO |
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