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| 13 de Enero de 2002 | |||
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Jugadores de la capital lo pillaron celebrando con champaña triunfo de los locales Patos malos visitantes se echaron al árbitro que les "robó" partido, en cárcel de Lautaro El finado también era de la casa, ya que cumplía una pena de 10 años y un día por los delitos de robo con intimidación y hurto. Sin embargo, en sus ratos libres se vestía de negro, se chantaba un pito en la boca y arbitraba las pichangosas de sus colegas. Como recompensa no recibía ni un peso, sólo cornetes, chuletas y una tracalada de garabatos, ya que, según informaciones extraoficiales, arbitraba como la mona. Según los datos obtenidos por los informadores de cancha, delincuentes de Santiago y Temuco disputaron el viernes un partido amistoso en el interior del Centro de Cumplimiento Penitenciario de Lautaro, con el propósito de prepararse físicamente para la temporada oficial de patadas y coscachos. El sorteo estableció que el señor árbitro sería Guillermo Marcoleta Meneces, de 28 años, quien, según el informe del veedor, dirigió como las berenjenas y durante todo el partido cargó los dados a favor de los locales. A estos no les mostró ninguna tarjeta amarilla, pese a que durante la pichanga dieron más patadas que cable pelado y las trancadas las ponían a la altura de la yugular. El pésimo cometido del saquero les saco los choros del canasto a las patos malos provenientes de la capital, quienes, al término del partido -que perdieron, por supuesto-, se fueron a los camarines sin hacer declaraciones a la prensa. Sin embargo, en el camino a los vestuarios desviaron el rumbo y se dirigieron en patota al multitaller, donde el árbitro estaba celebrando con champaña el triunfo de los locales. Esta situación enfureció a los visitantes, quienes, para desquitarse por el deficiente desempeño del verdugo de negro, le hicieron una encerrona, en medio de la que Marcoleta recibió un punzazo en el pecho. Minutos más tarde se lo llevó el Señor, mientras era trasladado al hospital de Lautaro. Tras el ataque con arma blanca, se originó una pelea a lo que se llama tajos, a raíz de la cual también fueron apuñalados Alex González, de 32 años; Segundo Geraldo Tobar, de 35, y José Sepúlveda Chávez, de 31. Personal de Gendarmería logró controlar la mocha y evitó que otros reos resultaran heridos. La directora regional (S) de Gendarmería, comandante Ingrid Riffo, calificó el incidente como "un hecho aislado", pese a que la pichanga terminó con el árbitro muerto y tres jugadores heridos a tajos.
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