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| 18 de Enero de 2002 | |||
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Policía recuperó el billete, antes que lo convirtiera en pailas de cobre Gitana le cobró 20 palos a jubilado para dejarlo persiguiendo a ninfas
El caso, que involucró a los fiscales de Temuco y Licantén, se originó en la capital de la Novena Región, luego que un enfermo de artritis que había recibido una millonaria jubilación, decidió saltarse la medicina tradicional y buscar remedio para su males en la clínica al aire libre que había establecido una gitana en el campamento que se levantaba cerca de su domicilio. Según los que saben, el anciano se dejó convencer por la zíngara -quien asegura ser titulada en la Hermética Universidad de Ciencias y Medicinas Ocultas de Machu Pichu-, para que pusiera en la palma de su manos veinte palos en billetes. Si tenía fe y mantenía la boca cerrada, el enfermo vería al tercer día triplicada su fortuna y nunca más sentiría dolor de huesos. Como el día fijado para que se realizara el milagro no pasó nada, el crédulo temucano se puso cachudo. Regresó al campamento, pero al llegar se percató que en el lugar no quedaban gitanos ni para montar la segunda parte de "Romané". Sospechando que había sido vilmente engañado, la víctima decidió romper el silencio e iniciar acciones legales ante el Ministerio Público de Temuco, cuyo fiscal tomó contacto con su colega de la Novena Región, Felipe Novoa, el que a su vez solicitó la colaboración de Carabineros para ubicar a la tribu prófuga de médicos ambulantes. Estos finalmente fueron detenidos en el pueblito de La Huerta, donde pensaban dedicarse al negocio de las broncopulmonares, las santiguadas por e-mail y las limpias de malos humores con ponche de ruda. En esa localidad la graduada en gilespuntura reconoció ser la meica tratante y, entre seguir un post grado de perfeccionamiento en la cárcel, o continuar libremente la práctica trashumante de la medicina alternativa por el sur del país, optó por lo último y devolvió, aunque de malas ganas, los veinte millones que había cobrado por el tratamiento. Finalmente la gitana quedó libre de polvo y paja ya que su paciente, con el fin de no seguir pasando rabia, decidió no presentar cargos contra ella y asumir derechamente que lo habían pasado por agua tibia. Mal que mal, se dijo, si los giles volaran, todos los días amanecerían nublados.
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