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| 23 de Enero de 2002 | |||
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Che versero que entró a la maleta ya tiene un pega segura en Talca
Por ahora, Carlos Hugo Catapalo, de 35 años, de San Martín de Mendoza, tendrá que salir de Chilito y regresar por las buenas, con sus papeles en regla. El gaucho anduvo chalupeando como orate por la cordillera hasta llegar al terruño frente a la región del Maule. Venía sin churrasquear y buscando pega porque por sus pagos la cesantía llega a relinchar. Cuando creía que había pasado colado, fue sorprendido por carabineros de Laguna del Maule, el sábado último, quienes lo pusieron a disposición de Policía Internacional, hasta que la Gobernación de Talca ordenó su deportación. Sin embargo, horas antes de iniciar su viaje de regreso, un matrimonio de microempresarios talquinos ofreció darle una manito para que vea cómo tratan en Chile al amigo cuando es ilegal. Se trata de la fotógrafa alemana Elizabeth Gunberger y del pedagogo social Moisés Barahona, casados hace cuatro años. Ambos vivían en Alemania hasta que hace tres años decidieron venirse por estos lados para instalarse con una empresa de aseo que actualmente da pega a 30 personas. Conmovidos con el tango del che, se pusieron en contacto con él para ofrecerle laburo, una habitación donde dormir y comida durante el primer mes, porque el hombre anda totalmente planchado.
La casa es grande"Yo vengo de un país donde tenemos siempre el mismo problema de los ilegales, entonces pienso que si él es una buena persona, no se le pueden cerrar las puertas", dijo Elizabeth.Su pierna agregó que "nuestra casa es grande y estamos en condiciones de acogerlo. El podría comenzar a trabajar este mismo lunes en la empresa". El problema está en que, según el subcomisario de la Policía de Investigaciones, Mauricio González, como es deportado "deberá acudir al consulado de Chile para solicitar su ingreso al país, esta vez en forma legal, diligencia que podría tomarle un mes, aproximadamente". El che errante conversó con La Cuarta y contó su odisea por las pampas cordilleranas: "Caminaba despacio para no cansarme y poder observar la inmensidad. Era tanta tierra y tanta piedra, pero eran mi única compañía por horas". Sin un peso en los bolsillos, con un bolso pequeño, poquita ropa y un par de zapatos viejos, Carlos Catapalo chalupeó más de 60 kilómetros en tres días. Morfaba sólo si se encontraba con arrieros y dormía cuando lo vencía el cansancio. "Cuando ya no podía dar un paso más, buscaba una buena roca para acomodarme en mi bolso de dormir", recordó. El hombre está feliz con el ofrecimiento de sus mecenas. "Ese fue un gesto muy lindo de mis hermanos chilenos que debería ser imitado en todo el mundo. Lo que más deseo es regresar a Talca", dijo con una sonrisa de este porte.
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