24 de Enero de 2002
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Al quedar libre, corrió donde su amada, pero el patas negras lo estaba esperando
Apasionado ladrillo murió de amor y puñaladas por una "mala mujer"

LOS ANGELES.- Un infortunado ladrillo que luego de permanecer varios meses a la sombra apenas se vio libre corrió a buscar consuelo y reconciliación en el tibio pecho de su amada, perdió en un segundo la poca fe que aún le tenía a la vida, cuando se topó en la calle con el hombre que se había convertido en su rival mientras permanecía enjaulado.

La triste letra de este corrido, la escribió con sangre, con tinta sangre del corazón, José "Pepe" Alexis Valenzuela, un mozo que mal aconsejado por las juntas, un día amaneció convertido en asesino y conoció la cárcel, el más cruel de los destinos que puede esperar el que ha nacido pobre. ¡Saaa!.

En los patios húmedos de orines y garúas heladas, el Pepe cumplió sus veinte años y luego vio como avanzaba en edad, soledad y rabia cuando le llegó el rumor que el amor de toda su vida había roto el compromiso y se dejaba querer por "Lucho" Pedrero Soto, un delincuente de poca monta que se abría paso a cuchillo en los bajos fondos de Los Angeles.

"El "Lucho" no es mejor que yo, mi amor. El también viene del arroyo y está manchado de fango. Trabájele a la paciencia. Junte virtud y las piernas mientras yo junto paciencia. Y espéreme en el cielo, corazón, si es que se va primero", le escribía el Pepe a la pérfida, en apasionadas cartas empapadas con sus lágrimas de amante esperanzado.

Nunca hubo respuesta hasta un par de semanas antes que, de tanto portarse bien, le llegó la noticia de la libertad bajo fianza y una nota donde la mujer le decía que aunque el papel aguanta todo, no hay peor diligencia que la que no se hace.

Entonces, con la cara iluminada por el rayo del sol que se colaba desde su cielo de desesperanza, el reo agarró el paquete con su ropa y apenas la reja se cerró a sus espaldas, tomó la primera micro que pasó y comenzó a contar las cuadras que lo separaban de la ilusión que debería estarlo esperando tras las cortinas de una casa verde, donde funciona una botillería diurna y nocturna.

¡Por fin la Avenida Estanislao Anguita!. Ahora sólo restaban algunos pasos antes de enfrentarse con la verdad.

El Pepe ya no corría, volaba buscando el desconchado frontis verde cuando se encontró cara a cara con su maldición.

El Lucho, quien venía saliendo del hospital, donde había estado internado una semana luego de sacar la peor parte en una pelea de choros, lo estaba esperando.

Cuenta la gente de la población que el palabreo duró lo que dura un combinado en las manos del Tico. Luego los puñales comenzaron a dibujar sentencias y epitafios en el aire antes de hundirse en el color único de la carne. Manchado de rojo el Pepe fue alzado por hombres de blanco hasta una camilla y comenzó su largo y negro viaje rumbo al hospital. No alcanzó a llegar vivo.

Los paramédicos aseguran que antes morir José Valenzuela perdió la noción del tiempo.

Creyó que se le venía encima el 18 de septiembre, y cual huaso enamorado sin remisión de condena, comenzó a cantarle a su amor desleal, llorando a moco tendido y en tono de agónico: "Consentida del alma, amor de amores, que todito te doy, mi vida, pa´ que no llores. Primero mi cariño, mi idolatría, y después mi pasión mi vida, de noche y día".


 
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