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| 29 de Enero de 2002 | |||
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30 explosiones estremecieron a Lagos, la capital del país. Rescatados 580 cadáveres Infernal estallido de un polvorín en Nigeria: Muertos superarían los mil
"Conté más de 580 cuerpos desde esta mañana", dijo uno de los socorristas, pero el embajador suizo en Nigeria, Rudolf Knoblauch, dijo que creía que "las víctimas se contarán por miles más que por cientos". Todo comenzó el domingo por la noche, cuando en un mercado muy concurrido del barrio de Ikeja, cercano al aeropuerto, estalló un incendio. Las llamas se propagaron rápidamente, alcanzando un cuartel vecino. El fuego en el depósito de municiones generó una serie de explosiones -una treintena- que sacudieron a la ciudad, quebrando los vidrios de las ventanas en un radio de 15 kilómetros. En la armería del cuartel había tanques T-55 del ejército nigeriano, además de proyectiles de artillería y también, al parecer, bombas de fragmentación. El pánico provocado por las explosiones puso en movimiento a una gran masa de personas que se volcaron a las estrechas calles del barrio. La gente buscó escapatoria arrojándose a los dos canales que atraviesan la parte norte de la ciudad, la Oke-Afa y el Pako, pero murió ahogada. Muchas de las víctimas son jóvenes, y numerosas familias señalaron la desaparición de sus hijos. Algunas personas resultaron electrocutadas por los cables eléctricos que les cayeron encima el derrumbarse los postes que los sostenían. El lunes, ninguna fuente oficial proporcionó un balance de los muertos y heridos. La televisión estatal nigeriana mostró pilas de cuerpos acumulados sobre las orillas de los dos canales, que están a poca distancia de la instalación militar que saltó por los aires. Agravó lo ocurrido el hecho de que, como es habitual en Nigeria, muchos familiares de soldados vivían dentro del depósito, que a su vez se levantaba en el centro de un área densamente poblada de la ciudad. Los edificios del complejo militar se ven semidestruidos, y alrededor, en un radio de cientos de metros, hay una alfombra de fragmentos y esquirlas. Un muchacho perdió un pie al pisar sin darse cuenta una bomba que no había estallado. Mientras los equipos de voluntarios aún están trabajando para dragar los canales y recuperar los cadáveres, ya se levantan voces de protesta. Muchos recuerdan que más de una vez se les había pedido a las autoridades que trasladaran el depósito de municiones, fuente potencial de peligro, fuera del área habitada. En un primer momento, las explosiones hicieron pensar en un golpe de estado, una circunstancia desmentida de inmediato por la televisión, que invitó inútilmente a la ciudadanía a mantener la calma. No es la primera vez que se producen tragedias semejantes en Nigeria: en los últimos dos años, varios cientos de personas perdieron la vida en diversas partes del país, víctimas de gigantescos incendios y catastróficas explosiones causadas por la costumbre de practicar agujeros en los oleoductos para robar carburante.
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