02 de Febrero de 2002
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Rumbo al fortín penal marcharon ayer los integrantes de la patota de vaqueros que se tomó la ley en sus manos y ahora tiembla a la sombra del patíbulo.

(Foto: Hernán Cortés)

Patricio Torrealba Negrete encontró su destino cuando fue a comprar puchos sueltos a la esquina, con plata prestada por su hermana.

(Foto: Hernán Cortés)

En dos carretas azules con baliza fueron enviados ayer al fortín penitenciario ocho colonos que cuando perseguían a un comanche, capturaron y lincharon al ladrón equivocado.

Los vaqueros fueron detenidos en las últimas horas por los alguaciles de la Brigada de Homicidios del condado de Santiago, quienes desde el 20 de junio del año pasado investigaban la muerte de Patricio Torrealba Negrete, de 35 años, asesinado por desconocidos que lo interceptaron cuando iba a comprar tabaco a una pulpería cercana a su domicilio, en la comarca de Recoleta.

Ayer el sheriff a cargo de la diligencia, entre sorbo y sorbo de whisky, narró para La Cuarta, el diario más rápido de todo el oeste, esta historia que pone patas arriba la creencia de que la llamada Ley de Legítima Defensa es una especie de carta blanca que permite cualquier exceso.

Todo empezó la noche del día indicado cuando alguien llegó hasta la granja de Claudio Retamal a contarle que por calle Blanco y La Serena andaba trotando muy campante el forajido que dirigió a la banda de cuatreros que la semana anterior había asaltado el negocio de su padre.

Tras escuchar la confidencia -cuenta el hombre de la ley, haciendo girar sobre el mármol de su mesa la estrella dorada que indica su autoridad-, Retamal armó una partida de jinetes con los parientes y amigos que en ese momento estaban en su pequeña casita de la pradera, y se lanzó a la caza nocturna del malhechor, con las señas que le había dado su confidente.

Tras él cabalgaron Pamela Araya, Raúl Gutiérrez, Alfredo Caroca, Jorge Valdés, Carlos Cruz, Héctor Azúa y Francisco Paredes. No iban con las manos peladas sino que armados con relucientes colts, rápidas Winchester y brillantes sables de caballería.

Al llegar al cruce de caminos de Blanco y La Serena, la tropa de alguaciles improvisados divisó a un vaquero cuya vestimenta correspondía con la del presunto malhechor y sin pensarlo dos veces se le fue encima.

Nada pudieron las explicaciones de Torrealba contra la furia de los vengadores, que en pocos segundo doblegaron su resistencia, primero a combos y patadas, y luego con el filo de sus cuchillas y el plomo de los revólveres.

Incluso Marco, uno de los hermanos de la inocente víctima, que llegó al lugar alertado por sus gritos, fue encañonado por los atacantes y nada pudo hacer para defenderlo.

El herido fue llevado hasta el Hospital San José, pero falleció durante la madrugada como consecuencia de las graves heridas recibidas durante el linchamiento.

Las mil caras del dramático caso

Ayer, durante el traslado de los detenidos, los familiares gritaron su inocencia frente al cuartel Borgoño. Incluso hubo desmayos y ataques de histeria entre las manifestantes.

En la casa de Patricio Torrealba, ubicada en la villa San Marcos de Recoleta, su hermana Jacqueline dijo que a raíz del asesinato, don Luis, su padre de 74 años, falleció víctima de un infarto tras permanecer sumido durante cuatro meses en una profunda depresión.

La víctima de la patota de linchadores era padre de una niña de 13 años, Nicole Carol, nacida de su convivencia con Paola Carvallo.

"El drama familiar que se inició con su muerte es tremendo, porque la pequeña sufre de epilepsia y tiene una mente de 8 años. Hemos tenido que explicarle de a poco que ya no verá nunca más a su padre", dijo la mujer.

"El Patricio vendía cachureos en la feria y el día que lo mataron andaba muy tristón. Me contó que le había ido mal, así que le presté unas monedas para que comprara cigarros. La patota lo atacó en la esquina. Eran como 15 personas, al mando de una mujer, que se movilizaban en un taxi, una camioneta y un auto particular", recordó Jacqueline.


 
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