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| 03 de Febrero de 2002 | |||
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Fue detenido, robado y le dieron como bombo en fiesta en la Tercera Comisaría Ex sargento denuncia golpiza a manos de sus viejos camaradas en Pichilemu
José Uriel Rodríguez, de 53 años, llegó a contar su historia a La Cuarta, el diario que lucha por la justicia, con un sobre lleno de radiografías y exámenes médicos, y les mostró a los reporteros las profundas heridas que aún presentan sus muñecas, ocasionadas por el apretón de las esposas. Para el ex suboficial -que durante 30 años fue sin miedo tras el bandido- su caso debe ser conocido por la opinión pública, con el fin de que no se repita, para bien de la institución. El ex carabinero vive en Lolol, pero le encanta pasear por Pichilemu, donde integró la dotación local durante ene años. La parte amarga de su historia comenzó a las 4.40 horas del domingo 27 de enero. Transitaba tranquilamente por una de las calles principales del balneario cuando de repente sintió un feroz lumazo en la espalda y escuchó la voz del cabo Ricardo Huilcamán, ex subordinado suyo, que le decía: "Así que soi vos, viejo c... Andai curao así que te voy a llevar preso".
"No me leyeron ni derechos"Sorprendido por la desconocida, Uriel trató de protestar, pero todo fue en vano. "En menos de cinco minutos llegó un furgón, me metieron adentro y comenzaron a darme como bombo de circo. El maltrato continuó en el cuartel, donde no me leyeron ni los derechos del detenido", sostiene el denunciante, quien le carga la mata por el mal trato que sufrió en la guardia de la tenencia a los cabos Julio Saldivia Fuentealba y Mario Millao Flores.Pero el vía crucis del ex sargento primero no había terminado. Poco después lo llevaron al hospital. Allí el doctor Claudio Azócar, del Servicio de Urgencia, firmó un certificado donde constata lesiones en todo el cuerpo. De regreso al retén, el ex uniformado sufrió en carne propia el "acomodar la carga", un jueguito policial que consiste en acelerar el furgón y frenar bruscamente; o zigzaguear a toda velocidad, para moler a los detenidos, encerrados en la caja del pick up, donde no hay cómo sujetarse. "Durante todo ese tiempo la única explicación que recibí fue la que me dio el suboficial a cargo del puesto, que en la mañana me dijo que estaba preso por ebriedad y me prestó mil pesos para pagar la multa. Yo le dije que cuando fui detenido tuve que entregar en la guardia todo lo que llevaba encima: 95 mil pesos en dinero efectivo, mi celular, las llaves y un reloj picante que no vale más de cuatro lucas", dice José Uriel, a quien todavía le esperaba otra desagradable sorpresa, porque sólo pudo recobrar 45 mil pesos. El resto de los billetes se hicieron humo, junto a las llaves y el reloj. "No me puedo quejar de Carabineros. Mi denuncia fue acogida en la Dirección General, donde me entrevisté con un general que me trató muy bien. Incluso todos los exámenes me los hice en el hospital policial, pero mi caso debe conocerse, para que no se repita. No es posible que por algunos malos elementos se desprestigie toda la institución", sostiene Uriel, quien más que herido, quedó achacado por la experiencia.
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