Las mamurris temporeras sufren porque dejan a sus hijos solos mientras se ganan los garbanzos, sobre todo en los meses de verano, cuando no van al colegio, donde, además de educación, reciben alimentación, orientación y afecto.
Por esto es que la demanda de jardines es mayor que lo ofrecido por el programa de Centros de Atención a Hijos de Mujeres Temporeras que tiene como objetivo facilitar el cuidado de los retoños cuando las madres se encuentran en las épocas de faena.
Son jardines que cubren las necesidades comunales y funcionan durante todo el año, porque es principalmente en el verano cuando las mamurris no tienen cómo hacerlo con los críos. Los contenidos se relacionan con el estilo de vida en torno al campo, y a los peques se les enseña a valorar el trabajo de su madre, y a enfocar sus intereses en el área agrícola.
Como la educación preescolar no es obligatoria, en los lugares donde no hay jardines públicos depende de la buena voluntad de los empleadores que las trabajadoras con hijos tengan un lugar seguro donde dejarlos, siendo una modalidad que se agrupen varios predios o industrias vecinas y, en conjunto, instalen un jardín para los retoños.