06 de Febrero de 2002
CRONICA
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LA BARRA POP
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El biólogo Juan Carlos Moroni, especializado en entomología, alertó que los pajarones irresponsables atraen bicharracos al dejar tirados restos de alimentos.

(Foto: Ignacio Iribarren)

Fernando Alvarez, vice del Colegio Veterinario, recomendó hacer lesas a hormigas, cucarachas y moscas con cebos de manye, pero llenos de fulminantes insecticidas.

(Foto: Ignacio Iribarren)

Ojo, piojo, con los insectos
Cuando las picaduras de los bicharracos causan cototos que molestan más que suegra de visita o transmiten enfermedades que dejan a la barra churrete y con la panza a dos manos, se tiene que cortar por lo sano. Así lo aseguran Juan Carlos Moroni y Fernando Alvarez, adosando recomendaciones bien caseras, que no por eso dejan de tener peso.

* No dejar los alimentos fuera del refrigerador (pese a que algunos insectos igual se las ingenian para colarse al frío interior).

* Poner el pancito en una bolsa para que moscas, baratas u hormigas no se tienten.

* Recoger cualquier residuo que se haya derramado en la mesa, onda azúcar o jugo, que aunque se seca igual es anzuelo para los bicharracos.

* Partir siempre de la base que el insecto posee un olfato extraordinario, que recae en sus antenas.

* No dejar sin resguardo el alimento de los regalones, llámense perros, felinos u otros cachorrines. Colocar los pellet en una fuente, pero rodear ésta de otras con agua.

* El combate a las baratas es más complicado, porque viven de noche, pasan por debajo de los resquicios y son escaladoras. Entonces, ¿cómo hacemos? Usar un cebo atractivo (queso o harina de panificación) mezclado con bórax: como las baratas son internamente cargadas a la grasa, el bórax se convertirá en jabón y pararán las chalas.

* En el caso de las moscas, aparte de los insecticidas, sean en barra o spray, conviene poner tela de mosquitero en las ventanas y mantener cerradas las habitaciones.

* Para ser un Terminator con las hormigas vale la pena seguir sus hileras como al monito mayor, hasta dar con el nido u hormiguero. Un cebo tipo migajas de pan hará que echen marcha atrás, y justo entonces aplíquese insecticida. La papa son los que lleven Diazinón y piretroides.

Quién no ha sufrido alguna vez los ataques arteros de bichos que, como en la canción, pican con gran disimulo en la cara y en el cutis. Todos, por cierto. Ni el vicepresidente del Colegio Médico Veterinario, Fernando Álvarez, se ha salvado. Y menos ahora que los insectos, especialmente hormigas, hacen nata en Santiago.

El caperuzo confirmó que este ardiente verano han crecido las filas indias de hormigas que se dejan caer sin paracaídas en las casuchas pop y bacanes atacando lo que pillan en su camino, y dijo que el fenómeno se debe a dos factores: las altas temperaturas y el descuido de gallada pajarona que deja tirados los restos de comida en cualquier rincón de la mansión.

Como en estos meses estivales las máximas promedio han sobrepasado los 30 gradelis, superando las medias de otros años, las hormigas, que son chicocas pero no asopadas, han preferido salir de sus subterráneos donde el calor las deja fritas, buscando menos sufrimiento, además de comistrajo en la sombra de alcobas y cocinas.

Álvarez agregó que por su gran adaptabilidad forman nidos u optan por reproducirse también al pie de los ring de cuatro perillas o detrás de los estantes. Una colonia puede sumar fácil 300 mil hormigas warriors, por lo que acentuó la necesidad de no tentar con mastique a estos omnívoros de colmillo largo.

Menos baratas

Esta higiénica advertencia se extiende a las baratas, que al decir de varias comadres se ven en menor cantidad que otros veranos en los palacetes. Alvarez planteó que aquí la funcia es distinta, porque estos bichos prefieren la oscuridad y ambientes más puros y frescos. "El clima elevado impide su reproducción", aseveró.

Por su lado, el biólogo especializado en entomología del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), Juan Carlos Moroni, aclaró que en muchas partes se atisban menos cucarachas, pero no se engrupe con que se batan en retirada.

Subrayó que en Chago City no hay, así con mayúsculas, una plaga de insectos, pero pobladores -cercanos a basurales o a sistemas sanitarios como las berenjenas- aletean que este calendario han sido invadidos por hormigas.

Al chupete que éstas les hacen a los desperdicios, allegó que la descomposición es más rápida que en invierno, más aún con el calor que hemos tenido.

Así, se pasean muy priscas las hormigas Hiridomirex Humilis, que hasta hace poco no se veían en este larguirucho calcetín de tierra. "O no estaban o no daban problemas, pero en la zona central las tenemos ahora en gran cantidad. Vienen de Argentina y son muy mordedoras y agresivas, por lo que los perjuicios son graves", aseveró.

Estos insectos, fanáticos de sus ídolas de Hormiguitaz, se van de hacha a las comunas cordilleranas o con más áreas rurales y cultivos, tipín Puente Alto, Pirque, San José de Maipo, Talagante o Lo Barnechea, y la mejor política es llevarse bien con ellas, por la imposibilidad de mandarlas RIP a todas. Y si así ocurriera, quedaría la mansaca en los equilibrios ecológicos.

Como son rastreros, estos bichos transportan gérmenes que causan achaques camotes como diarreas, desórdenes a la guata o tifus, y recomendó andar ojo piojo, en especial con las moscas, baratas y hormigas.

Moscas paleteadas

Moroni ahondó que todos los bichos tienen importancia y valor para los humanoides. La mosca, por ejemplo, es un degradador de materias orgánicas y cadáveres de otros insectos o animalejos.

Puntualizó que se calcula en 30 millones los insectos conocidos que culebrean por la Tierra o aire del planeta, en tanto autores futuristas enfatizan que un lote grande nos hace fintas para que aún no los sapeemos. De esa onda.

Nuestro país se caracteriza por barreras infranqueables para ene insectuchos, como el mar, la cordillera, el Polo y el Desierto de Atacama. "Observamos cosas tan diferentes como que en el desierto no hay insectos y en la Antártica hay moscas", comentó.

Las baratas tienen más mundo y están en todo el globo, siendo la más común la barata oriental. Como son omnívoras, dan una manito al engullir materias orgánicas guácalas, alimentos podridos y animales en calidad de fiambre.

Las hormiguitas depredadoras también se paletean con el equilibrio de la naturaleza. Nada de amermeladas, pese a que se tiran al dulce con cualquier mastique azucarado, se abastecen en verano para resistir los inviernos más pelados en materia comestible.

Las malditas termitas sí son una plaga y muy dura de matar, porque viven bajo 8 o 10 metros de profundidad. Son como topos que ven en el subsuelo boca de lobo, poseen una rapidez digna de Sebastián Keitel y se relamen los mostachos a punta de madera. "Estas sí son el problema más grave de Chile", remachó el entomólogo.


 
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