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| 10 de Febrero de 2002 | |||
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Padres denuncian que fatal desenlace se produjo por mala voluntad de funcionarios Chicoca murió por negligencia al cuadrado de posta de Peñalolén
Como a las 11 de la noche del viernes, Oriana Uribe llevó a su hijita de emergencia al consultorio Carol Urzúa, que se encuentra a lado de la muni de Peñalolén, porque se sentía mal y había vomitado varias veces. Para llegar más rápido se puso en contacto con la 43ª Comisaría, cuyos funcionarios la escoltaron junto a su esposo al centro asistencial. La primera dificultad, según la madre, ocurrió cuando intentaron ingresar con la niña en brazos y la puerta del recinto estaba trancada. "Después de un rato de intentar abrirla, salió el funcionario y sin siquiera revisar a mi hija, le dijo a la enfermera que le pusiera una inyección no sé para qué", contó la desesperada madre. Luego de pincharla en el brazo, relató doña Oriana, el doctor ordenó que además le pusieran otra inyección, esta vez intramuscular, para calmar el dolor. "Dolor de qué. Si nunca dijo qué tenía", interviene con rabia Arturo Medina, padre de la menor. Sin diagnóstico claro, el galeno propuso que se llevaran a la niña a la casa y que volvieran el lunes a practicarse unos exámenes.
Segunda vez"Después que acostamos a Tamara en la cama grande y comenzó a dormir, empezaron las convulsiones y se puso cada vez más mal", recuerda don Arturo.Igual que la primera vez, doña Oriana llamó a Carabineros y solicitó ayuda. Uno de los polis de turno los acompañó todo el rato, y constató que aunque estaba grave, Tamara todavía respiraba. Pero lo más importante, necesitaba atención de urgencia. "Cuando llegaron, los policías tocaron insistentemente la bocina para que salieran a recibir a la niña, pero estaban durmiendo. Luego salieron y de mala gana me dijeron que no había ambulancias para trasladarla", alegó la madre. "Cuando por fin se decidió a verla el doctor, dijo de manera secante: 'ya está muerta, llegaron tarde'", repitió una y otra vez don Arturo. Según la familia y el carabinero que acompañó dos veces a la niña, la responsabilidad recae en la mala atención y la cero iniciativa de los funcionarios del recinto. Al final sólo clamaron ¡justicia! |
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