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| 11 de Febrero de 2002 | |||
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Andrés Romero hace de tripas corazón para no flaquear "Sufro porque mi hija nunca había visto al papá sin pega"
Si bien el volante está consciente que "estoy en las últimas de mi carrera", aún no se apaga en él la llama de seguir, pues "siento las fuerzas para disputar un puesto a cualquiera". Sin embargo, a medida que pasan los días la cruz se va haciendo cada vez más cabrona. ¿La razón?, única y exclusivamente porque "de algo hay que vivir y, a pesar de que en mi vida me preocupé de ahorrar, lo que junté no me va a durar para siempre". En todo caso, Romero ya se cuidó las espaldas. "Si esto no mejora estoy haciendo los cursos de entrenador en el INAF y este año termino. De alguna manera había proyectado retirarme y seguir trabajando como formador", explica. Como más de la mitad de su vida la pasó en una cancha, el "Moto" no soportaría alejarse de la actividad, que "para mí es una vocación". Además, "también lo haré por mis hijos (tiene 3), especialmente la mayor, que es la que más ha sufrido al ver a su papá que ya no tiene club y me alienta a seguir ligado al fútbol", agrega. Mientras espera que le llegue el golpe de suerte, Romero también se dedicará a conseguir que Unión Española, el último cuadro que defendió, le pague el finiquito pendiente. "Es plata que me pertenece y me hace falta", dice, sin ocultar que una decepción gigante se llevó con los hispanos, pues "uno esperaba cierto comportamiento de la gente que lo dirige y lo contrata, pero estoy decepcionado de Unión, ya que trabajé durante todo el año con un grupo de personas, que yo creía mis amigas, y cuando acabó el año me borraron como si nunca hubiese existido".
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