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| 11 de Febrero de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La ventanita sentimental doc@lacuarta.cl
No sé qué hacer y espero que me eche una manito. Resulta que mi polola es un amor, siempre me aconseja bien, es súper inteligente (está a punto de graduarse de sicóloga) y más encima tiene el mejor cuero que haya visto en mi vida. La única lata es que me amenazó con darme filo si no iba a su casa a pedirle disculpas a su viejo y a su hermano por un problema que tuvimos hace algunos días: Al llegar a la casa de la Carlita -que así se llama mi polola- me invitaron unos copetes y comenzaron a molestarme. Como voy pa' todos lados con ella, y además hago ejercicios y pesas, me dijeron que tenía la cabeza de músculo y que me falta una pura gorrita para parecer su guardaespaldas. Debido a los copetes y la rabia que fui acumulando, le mandé un empujón al viejo y un par de aletazos a su hermano para que cortaran el leseo. Los dos quedaron sentados en el piso. Esas tallas comenzaron desde las primeras semanas que llegué a la casa y ya me tenían chato, por eso quise terminar con el escándalo. Yo, obviamente, no he vuelto a aparecerme por su casa desde ese fatídico día, porque ella me puso esas condiciones. ¿Qué hago, Doctor Cariño? A la Carlita la quiero caleta y me da miedo perderla. ¿Tendré que dar mi brazo a torcer? ROPERO Mi viejito:
Mi pega no es sacar ciegos a hacer pipí. Usted de puro rosquero y bolsiflay se puso a pelear con la parentela de su Dulcinea, y si no pide perdón y aparece con la cola entre las piernas, ni sueñe con que el romance seguirá y la Carlita volverá a caer rendida en sus brazos. Cómo será de gil, compadre, que hasta le pegó su empujón al curagüilla de su suegro, al que tenía la obligación de chuparle las medias desde que llegó a la casa. A la inversa de lo que cree la familia, pienso que en la cabeza Ud. no tiene un músculo, sino que un adoquín. Como no hay peor diligencia que la que no se hace, no tiene más remedio que partir donde la Carlita, con la mejor cara de hipócrita que tenga, y contar ante la familia, ojalá que con los ojos llorosos, que está arrepentido de todo, que pide perdón de rodillas y promete que nunca más le pegará ni un coleto al gato que tienen en la casa. Se me ocurre que como son gente de bien, aceptarán sus explicaciones, pero que le van a facilitar el camino para que se lleve a la Carla, never, never. Yo creo que esa batalla la perdió y es conveniente que se acostumbre a esa idea. Mire, por si las moscas, a otras flacas del barrio o del club donde practica deportes, puede que no sean tan inteligentes como la Carlita, pero a lo mejor son menos complicadas y más cariñosas. Sería tutti. AUTOR DR CARIÑO |
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