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| 13 de Febrero de 2002 | |||
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Nuevo capítulo en historia desconocida de micreros que viven del salario del miedo Chofer asaltado denuncia amenaza de delincuentes y traición de empresarios
Amargado por la experiencia y traicionado por su propia gente, el chofer se sentía ayer una inocente víctima de la fatalidad y de la justicia, dos poderosas señoras, ciegas y veleidosas, que poseen el terrible don de cambiar con sólo un gesto el destino de los infelices mortales. A Retamal -casado, cinco hijos, cuatro nietos- le cambió la vida la mañana del sábado, exactamente a las 10.45 horas, cuando mientras conducía su máquina por Américo Vespucio hacia Plaza Egaña, uno de sus inocentes pasajeros se sacó la máscara y luego de ponerle un cuchillo en la garganta le exigió que le entregara el dinero. El conductor reaccionó pisando bruscamente el freno, con lo cual el delincuente Leonardo Guzmán, de 20 años, con tres condenas a su haber, dos por porte ilegal de armas y otra por asalto a una bencinera, perdió el equilibrio y cayó al suelo. De allí en adelante todo fue correr tras el comanche, porque Guzmán, al verse perdido, trató de escabullirse entre las calles del sector. Pero finalmente fue capturado por carabineros gracias a que uno de los pasajeros del bus, con un celular, denunció a tiempo el asalto.
Comienza el calvario"Cuando detuvieron al asaltante, respiré tranquilo porque pensé que todo había terminado, pero lamentablemente me equivoqué. Mi tragedia recién comenzaba", relató a La Cuarta, la justiciera, el chofer, repasando lo que han sido sus últimos días en el living de su casa.Al regresar a la terminal, esa misma tarde, Retamal se enteró que la familia del delincuente ya lo estaba buscando y que uno de sus colegas le había proporcionado su número telefónico. "Me vendieron como a Judas. Esa misma noche comenzaron los llamados, las amenazas. La mujer del asaltante me pidió 'que me pusiera con el cabro' y que retirara la denuncia porque ya estaba muy cargado", sostiene el chofer. El calvario continuó en el tribunal, donde la mujer le insistió en que dejara las cosas como estaban y le dio un recado de la madre de Guzmán. Era muy sencillo: retire la demanda o aténgase a las consecuencias. Era una amenaza de muerte segura para quien está expuesto día a día a una rutina conocida. En cualquiera esquina puede estarlo esperando el asesino, dispuesto a la venganza. Asustado, Héctor Retamal acudió al sindicato, pero allí lo esperaba el más cruel de los desengaños.
Línea con 3 mártiresEl presidente de la línea, Miguel Erane, le dijo que lo mejor que podía hacer era, precisamente, retirar la denuncia."Me sentí solo e indefenso, traicionado por mis dirigentes. ¿Cómo es posible que ellos aconsejen a los conductores cerrar la boca, callar como cobardes los asaltos, cuando en nuestra línea ya han sido asesinados tres choferes? ¿Quién no recuerda a Jorge Zúñiga, muerto en Vespucio y Rodrigo de Triana; Juan Carlos Godoy, masacrado frente a la Villa Los Presidentes, o a José Ramos, que cayó en Macul con Las Torres?". Retamal no entiende nada, pero ayer sus colegas ya comenzaban a hablar de movilizarse, de protestar contra una política de silencio que los entrega en bandeja a los delincuentes, dispuestos a matar por el puñado de monedas que tintinean en la pesera.
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