- ¡Aló, mi viejo! ¿La Cuarta, la que defiende a los bacanes?
- ¿No se puede salvar solo?
- Nop. Te cuento de inmediato, posoye. Resulta que el 11 de febrero, junto a mi hermano y una amiga, viajé a hacer rafting al río Trancura, onda Pucón, posom, no sé si te ubicas tú por allá.
- Evidentemente, si anduve de vacaciones la semana pasada.
- Regio, para que nos entendamos. Todo partió mal. La balsa estaba en pésimas condiciones, el piso se desinflaba a cada rato, perdía aire por la válvula y a los 10 minutos era un bofe.
- Atroz lo encuentro, pues, José Ignacio.
- No, Raúl. Y al terminar el descenso con todos esos problemas, se suponía que nos ofrecerían café, baño y piscina gratis, pero no tenían ni un termo y nos cobraron todo, incluso la ducha helada.
- Qué desubicación más grande, mi viejo.
- Lógico que fuimos a reclamar a las oficinas, donde había dos secretarias que nos informaron que los jefes sólo llegaban en la noche a buscar la plata, posom. Y de las fotos y video, olvídate.
- Tch, tch, nadie puede, nadie puede. ¿Y de cuánto fue el cheque?
- Quince mil pesos por cada uno, dinero que exigimos se nos reintegre, porque el servicio no cumplió con nuestras expectativas. La empresa se llama Trancura, razón social Sociedad Hotelera y Turismo Misimali.
- ¿Pero qué son 15 luquitas para ustedes, bacanes?
- ¿Y vos te creís Washington Olivetto? Ponle ahí que los hermanos Fuenzalida Tapia y su amiga Andrea Sierralta se sienten estafados, y que pueden darnos una explicación al 09-862-9969 ó al mail pft@chileno.zzn.com. Adiós, posom.