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| 16 de Febrero de 2002 | |||
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La muchacha no quiso recibirle un regalo por el Día de los Enamorados Trágico fin de San Valentín: Joven se suicidó frente a casa de su ex polola
El sacrificio de Juan Carlos Carrillo González, de 22 años, no sólo puso la nota amarga en el onomástico de San Valentín, sino que también probó que todavía existen los que viven y están dispuestos a morir por la ley de corazón, un juez veleidoso que pasa con gran facilidad de las alegrías del vals a las nostalgias y tristezas del tango y el bolero. El amargo desenlace de la romántica historia de Mónica y Juan Carlos terminó cerca de las 11 de la noche del jueves, cuando el joven obrero, que residía en la comuna de San Bernardo, llegó hasta la casa de su amada, en calle Plaza 8146 de La Cisterna. En el lugar efectivamente existe una placita donde a esa hora un grupo de niños, entre los que se encontraba Barbarita, de 11 años, jugaba entre manzanillones, cardenales y suspiros. El joven, según uno de sus familiares, se encontraba locamente enamorada de la chica y jamás se había conformado con que ella rompiera el compromiso. En las últimas semanas el fracaso lo había sumido en una profunda depresión. "Si no vivo con ella, no quiero vivir, prefiero la muerte", decía Juan Carlos a quien quisiera escuchar sus lamentos.
Niña presenció inmolaciónLa noche del jueves Barbarita detuvo sus juegos cuando vio que un joven que llevaba entre sus manos un regalo primorosamente engalanado, golpeó la puerta de la casa rosada que está al fondo de la plaza y luego comenzó una larga discusión con una mujer. Se escucharon gritos, algunas frases quebradas por sollozos y más de una súplica.De pronto, un seco estampido rompió la calma del barrio. "El joven que estaba discutiendo con la señora María Angélica, la mamá de la Moni, se puso una pistola en la sien, retrocedió, dijo algunas cosas más y se pegó un tiro", le contó minutos después, temblando de la impresión, Barbarita a su familia. "Estaba en mi casa, junto a mi hijo que está con permiso del noviciado, cuando sentí un golpe seco, Creí que alguien me había roto de un peñascazo el espejo del ropero, pero cuando salí a la calle vi al joven en el suelo, y a una mujer que salió gritando", recordó ayer la señora Lidia, vecina de Mónica. "Harto triste la historia. El pobre joven se enamoró de la mujer equivocada. Ella seguramente no lo quería, ya que vivía con otro. Debió apechugar y conformarse. Pero bueno, la vida es así. El corazón tiene razones que la razón desconoce", dijo a modo de epitafio uno de los vecinos, mientras adornaba con flores el lugar donde cayó Juan Carlos.
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