17 de Febrero de 2002
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Lo último que supo es que se le había perdido documentación y de ahí misterio total
Madre implora que la ayuden a buscar a su hijo malabarista perdido en Brasil

Doña María Toro está destrozada por la desaparición de su retoño de 19 años, César Martínez. Ha golpeado ene puertas sin resultados positivos y teme lo peor.

(Foto: Hernán Cortés)

Para María Toro Ampuero, no existe nada más infalible que el presentimiento de una madre. La última vez que habló por teléfono con su hijo, quien viajó a Brasil en busca de fortuna, supo que algo malo le iba a suceder, y desde entonces no ha dejado ni un sólo momento de acudir al consulado y a la embajada, pero nadie sabe nada de César Martínez, ni siquiera sus amigotes con los cuales viajó a Curitiba para participar en un encuentro de malabaristas.

El 11 de diciembre pasado, César, de 19 pepas, abordó un bus que lo llevaría al Brasil junto a su yunta José, con quien tiene un grupo circense con especialidad en monociclo y malabares. "Él sabe que yo no le prohíbo cosas siempre y cuando sea responsable... El día que viajó yo estaba tranquila porque él prometió llamarme con frecuencia", dice la mujer.

La promesa, recuerda su madre, fue cumplida al pie de la letra, ya que durante los dos primeros meses llamó sagradamente a la casa, además de contactarse diariamente por correo electrónico con su hermano mayor, Luis.

Según el itinerario que fue trazando desde que llegó al país del samba, el malabarista se encontró con sus amigos en Curitiba, donde se realizaba un encuentro internacional de su disciplina. Desde allí llamó a su mamá y le avisó que el 31 de diciembre partiría a Río de Janeiro.

En los días que siguieron, César se comunicó con su hermano Luis, a quien le dijo que ya no estaba viajando con el grupo de amigos chilenos, pero que estaba bien. Durante las dos semanas siguientes le escribió todos los días hasta que este contacto, sin previo aviso, se cortó.

Llamada telefónica

El 23 de febrero, doña María recibió el último llamado telefónico de su hijo, en el que se le escuchaba urgido porque había extraviado su carné de identidad. "Mamita, necesito el carné viejo que dejé en la casa", me dijo. Luego agregó: "Es urgente. Envíamelo con un amigo del grupo que vendrá a Brasil".

Con ese llamado, doña María intuyó que su cabro estaba en problemas.

Al día siguiente, César se volvió a contactar con ella y esta vez su voz se escuchaba más preocupada que la mañana anterior. "ˇMamita, envíeme el carné hoy mismo, por favor! Yo la llamo en media hora más para decirle a qué dirección tiene que mandarlo", dijo y cortó.

"Yo esperé la llamada, pero desde ese día no he tenido noticias de él. Brasil es un país gigante y andar indocumentado debe ser muy peligroso", reflexiona la señora, de unos 55 años, dominada por la angustia.

Diligencias surtidas

Doña María realizó los primeros trámites en la embajada de Brasil en Chile, pero no le fue muy bien ya que la instaron a ponerse en contacto con el consulado. En este último lugar, los funcionarios le informaron que habían consultado con las policías de Río por si había algún chileno de esas características preso, pero la respuesta fue negativa.

"Me dijeron que no, que no había nadie sin documentos que estuviera preso. Ahora no sé qué más hacer... Si a mi hijo le ocurrió una desgracia, no tengo cómo saberlo, eso me está matando", explica.

Uno de los últimos trámites lo realizó ante Interpol, pero no ha recibido información, ni negativa ni positiva.

La desesperación la ha llevado a solicitar a cualquiera persona que tenga un familiar en Brasil que la ayude, para formar un escuadrón de búsqueda. "Ya lo están haciendo sus amigos que le perdieron el rastro en Curitiba, pero yo agradecería mucho a los chilenos residentes, o a quienes tienen parientes allá, que se sumen a la búsqueda o se acerquen al consulado chileno a preguntar por novedades", imploró doña María.


 
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