17 de Febrero de 2002
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La ventanita sentimental

 
La ventanita sentimental
doc@lacuarta.cl

Doctor:

Soy un guatón muy feliz. Tengo una familia hermosa, una mujer maravillosa que me ha soportado por casi 20 años, una excelente pega y, más encima, me gané un premio que me permite algunos lujitos y más tranquilidad.

Para estas vacaciones planeamos irnos a la playa, pero como no podíamos ir a buscar una casa el tremendo lote, mi señora me encargó que fuera solito y buscara algo para arrendar, así es que partí en un bus a Algarrobo a cumplir con mi misión.

El colmo de las suertes fue que a mi lado se sentó una tremenda morenaza que andaba en la misma misión. Por si fuera poco, tenemos gustos súper parecidos y terminamos siendo vecinos en el balneario.

Después nos fuimos a almorzar y hacer planes juntos para las vacaciones, cuando lleguemos con nuestras familias, conversamos largo y tendido, nos tomamos unos copetes y volvimos a Santiago tomados de la mano.

Nos hemos reencontrado dos o tres veces, ella es buenona, medio lanzada y confianzuda. ¿No se empezará a poner cachuda mi fiera? ¿Cómo lo ve, doc?

Cipriano

Cipriano:

¿Se fija que los gordos son siempre felices? ¡Y más encima suertudos! Ya ve lo que le pasó a usted... Encontró la felicidad -aunque sea por el puro verano- amarrada a un trapito. Para qué le cuento las aventuras del guatón Dani que tenemos acá en casa. En cada gira que realiza al norte vuelve con camiones cargados de matute, el que una vez que reduce le permite gozar a sus anchas de perniles y parrilladas bien regados.

Pero dejemos de lado al guatón fresco y hablemos de usted, ahora que le salió el sol en su viaje a Algarrobo. Yo no lo voy a crucificar porque pinchó con la morenaza, mientras buscaba una casita para veranear. Pero me asalta una duda... Si no me equivoco, usted con la negra están programando unas vacaciones rosadas, cuando con sus respectivas familias lleguen a la playa. Un encontroncito por aquí, otro por allá, en la playa o en algún bar, para pasarlo del uno. Pero un balneario como Algarrobo es como un barrio. "Pueblo chico, infierno grande". Una o dos veces que se topen y lo sabrá la fiera de su casa y lo que es peor, el marido de la negra.

Ese romance playero -déjeme que le diga- no tiene ningún destino. Por lo tanto, si quiere pegarse el cacheteo, que lo tiene a mano, debe hacerlo en la capital, como un pre-calentamiento, igualito al que hacen los cracks peloteros. Santiago está lleno de caletas para pasar colados. Desafíe a su negra aquí, en esta tierra. En la playa nica, compadre. No arriesgue ni su pellejo, ni la tranquilidad de su familia, ni la paz que tiene que tener la negra con su Cornelio. Esos son mis sabios consejos. Y no va más.

DR. CARIÑO

 
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