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| 18 de Febrero de 2002 | |||
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El catfish fue introducido al país en 1997 y es alimentado con pura proteína vegetal Pez sin espinas y con cara de gato es la novedad del año en mesas criollas
El producto, tan feo y exótico como la anaconda albina, es cultivado en Estados Unidos hace más de 20 años y en nuestro país se introdujo recién en 1997, augurándose grossa acogida de público, ya que tiene una excelente y tierna textura, su sabor es suave, se le puede hincar el diente frito, cocido o apanado, o acompañando cualquier mejunje, y no se corre el riesgo de quedar atorado con una espina. El dire del proyecto, Cristián Jelvez, contó al diario pop que el pez con bigote tiene una mejor textura que la carne de merluza y al no tener espinas es muy recomendable para los cabros chicos y los viejitos sin dientes como don Mario. Su carne es recontra blanca y tiene todos los atributos y características nutricionales del común de los pescados. Gracias a que es alimentado con proteína vegetal de trigo, maíz y soya, su sabor es delicado, una exquisitez. El proyecto fue realizado por la Fundación Chile a un costo de 407 millones de pesotes, financiados en 75 por ciento por el Fondo de Desarrollo e Innovación de la Corporación Nacional de Fomento (Corfo) y el resto por la propia fundación, la cooperativa eléctrica de Parral Luzpar y tres productores de arroz de la zona. La labor de Luzpar será incentivar su cultivo entre sus socios, cuyo número supera los 10 mil y están integrados, en su mayoría, por pequeños y medianos agricultores. Estos, a su vez, tendrán la misión de posesionar este producto a nivel nacional, aprovechando que el bicho bigotudo se puede congelar sin perder su calidad nutricional. Desde el punto de vista comercial, su masificación depende de lo atractivo que pueda resultar para los dueños de tierras que producen arroz. Si bien ambas actividades son incompatibles, puede ser una buena alternativa comercial, ya que se pueden alternar. Esta novedosa industria partió en la VII Región, ya que las condiciones ambientales de las arroceras permiten desarrollarla como una actividad complementaria, cuya calidad es garantizada por el agua de pozos profundos. Según Jelvez, su producción no dejará ninguna cabeza de pescado en el ambiente, ya que la especie se cultiva en sistemas de lagunas cerradas, que aunque alcanzan varias hectáreas, son manejadas con flujos bajos de líquidos, suficientes para reponer el agua perdida por la evaporación y la percolación, lo que no afecta a las napas subterráneas.
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