|
|
| 19 de Febrero de 2002 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Delincuente vengativo quiso matar a su familia con katana japonesa, de filo garantizado Samurai de horca y cuchillo intentó harakiri para lavar honor mancillado La leyenda se originó en esa apartada comarca del imperio durante el fin de semana, y fue conocida por los plebeyos luego que una pareja de arqueros que patrullaban el pueblo fue interceptada por un mensajero que les advirtió que en una vivienda del sector estaban ocurriendo sangrientas hazañas que obligaban su presencia. Al llegar a la imponente construcción de bambú y techo de calamina, los karabineros observaron que una grácil jovencita ataviada con el kimono tradicional del lugar, bluyín dignificado por el paso del tiempo, polera boliviana y zapatillas sin cordón, estaba recostada sobre un poste y escondía el llanto tras el púdico velo de un abanico de papel de arroz y seda de gusano. A su lado yacía un principito, de cuyas manos manaba abundante sangre, quien era atendido con servil diligencia, por dos ancianos lacayos que trataban de confortarlo con una tacita de té y un sánguche de llamo. Luego de atravesar, sobre un etéreo puente curvo de madera labrada, un espejo de agua artificial donde nadan indolentes pececillos rojos, los polis detuvieron sus cabalgaduras frente al portal y tras ensayar una reverencia cortesana, preguntaron qué cresta había ocurrido. Fue entonces cuando se enteraron, de labios de la infanta, que poco antes había regresado a palacio el amo del lugar, quien fue expulsado la cuarta luna del Año del Cerdo por la mujer y su hijo, por flojo, pendenciero y golpeador. El tártaro llegó muy arrepentido y haciéndose el gil, pero cuando la mujer le reiteró que no quería volver a verlo ni en pintura, se le subió el odio a la cabeza y luego de golpearla, sacó una katana oriental e intentó descuerarla. Afortunadamente uno de sus hijos evitó el geichicidio materno pero en su intento el samurai le hirió la mano. Los polis entonces preguntaron dónde estaba el bandido, y la ofendida respondió que escondido en el parque, bajo los cerezos en flor. Al llegar al lugar los karabineros descubrieron al sujeto orando ante el altar de sus antepasados. Al ver que no tenía posibilidad de escapar, C.W.C.O., de 39 años, empuñó su katana y trató de hacerse el harakiri sobre un tatami ceremonial, lo cual fue impedido por los polis quienes debieron utilizar todas su mañas para evitar que el enfurecido samurai los degollara con el cuchillón. Posteriormente la policía dijo que el detenido era un peligroso homicida y asaltante, buscado por todo el Norte Grande por quebrantamiento de condena y otros delitos que ameritan su inmediata "decapitación".
|
|