Los funcionarios de la oficina central de Polla Chilena de Beneficencia, en Santiago, están que cortan las huinchas por entregar el máximo premio individual de la historia al misterioso porteño que se ganó el Loto. Como aún no se presenta, a algunos hasta se les ha aparecido con aura fantasmal y el esquivo boleto en la mano.
El ganador de los 2 mil 157 melones ya lleva 72 horas aguantándose sin cobrar su fabuloso chocoso, ni siquiera la comisión de confianza del Banco Santander -a quien le encargó la misión- se apersonó en el edificio de Banderas con Compañía.
La demora, aunque inusual, no es tan grave, ya que Mr. Cuevas tiene 57 días más para cargar un saco con el billete. De lo contrario, la plata queda para la Polla.
Mientras la jefa de Relaciones Públicas cruza los dedos para que el boleto aparezca y así poder tomarse sus ansiadas vacaciones, en Valparaíso todos juran que conocen al suertudo.
En las cercanías de la agencia donde se vendió el Súper Loto, en calle Pudeto, se escucha de todo: Que fue el guatón de la frutería del frente, una jubilada de Capredena y hasta una señora que recoge la basura.
El administrador de la agencia, Miguel Muñoz, está contento, porque las ventas han subido un 20 por ciento y comprende el anonimato del premiado. "Yo le digo que se demore, no más, que lo piense bien, igual que yo, que todavía no cobro los 40 millones que me tocan", verseó.