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| 22 de Febrero de 2002 | |||
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Popular músico compartió con su abuela en el Cerro Barón DJ Méndez recorrió las calles en que peluseaba cuando cabro chico
Para la ocasión el artista porteño no olvidó detalle. Se vistió de blanco -jockey y polera onda musculitos- y partió junto a sus músicos al lugar que abandonó a los 11 años en busca de mejores horizontes. Méndez llegó y por su mente pasaron los más diversos recuerdos. Decenas de situaciones, lugares y momentos. Emocionado caminó por el estrecho pasillo que une todas las casas y se detuvo cada vez que una imagen pasada invadió su mente. El lugar está signado con el número 474. Por fuera parece la fachada de una casa común y corriente, que perfectamente podría estar ubicada en cualquier población del país. La diferencia es que el frontis está marcado por la empinada acera que une como columna vertebral las calles del cerro Barón, citado brillantemente en el tema "La Joya del Pacífico", en la inconfundible voz de Lucho barrios. "Aquí yo jugaba a la pelota y me retaban cada vez que quebraba los vidrios", sentenció con cara de maldadoso. Y agregó: "Esta casa que ustedes ven acá (muestra un de las mejoras) la ayudé a construir yo. Aquí aprendí todo lo que sé de albañilería", dijo. En la medida que avanzaba, sus ex vecinas salían a saludarlo en patota. "¡Polito (así le decían cuando cabro chico) qué lindo estás", expresó una cuarentona y robusta dueña de casa; al mismo lugar llegaba otra señora con un álbum de fotos, donde efectivamente aparecía Méndez en pantalones cortos y con una pelota entre los pies.
El conocido músico, que tiene sonando firmeza en nuestro país el álbum "Latino for life", llegó al final del cité y se encontró con su casa. En el umbral, una pequeña anciana llamada Ana Torres: su abuela. La mujer lo esperó pacientemente en la puerta del deteriorado inmueble. Méndez la abrazó y besó por largos minutos. El intérprete de "Estocolmo" y "Chiki Chiki" pidió un momento de privacidad. Junto a varios primos, sobrinos y vecinos posó para la prensa, en la medida que el angosto pasillo lo permitía. Le hizo el quite a la ropa -principalmente pañales de tela- que colgaba a todo lo ancho del cité y se despidió del diario pop. "Ojalá me tengan algo rico para el manye", bromeó con la intención de no arrancar lágrimas nostálgicas, por un pasado cargado de amor, pero carente de las comodidades y el lujo que las Uropas le concedió.
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