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| 24 de Febrero de 2002 | |||
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Sólo se le vio la nariz cuando salió a cortar rosas y a pasear por la costa Juanga pasó encerrado en su "cabañita playera"
A diferencia de todas las estrellas festivaleras, el cuate se arrancó de los gritos de las fans, las cámaras de tevé y fotográficas y pidió -exigió- a BMG, el sello discográfico que vende sus discachos en Chile, una casita tranquila y alejada de la bulla. Por coincidencia le arrendaron la misma cabañita que ocupó el año pasado Cecilia Bolocco. Es una tremenda mansión ubicada en Reñaca Alto. Está rodeada de árboles, lo que hace imposible ver hacia adentro. La casa principal cuenta con cinco habitaciones: Juanga ocupa la más grande, la del lado Mona Bell, la cantante que lo crió desde chicuelo y en otra su nana, Angelina, que le cocina y cuida. Detrás de la construcción hay un gran jardín, lleno de plantas y flores. Todos los días el intérprete salía en las tardes a disfrutar del sol y a cortar rosas para halagar a sus contados invitados, entre ellos su fans número uno de la Quinta Región, la señora Lucrecia. Los recibía en el hall principal y de ahí los hacía pasar al jardín, chachareaban ahí y luego pasaban a una pequeña choza trasera donde jugaban, entre otras cosas, pool y cartas.
"No hablo"Juan Gabriel ha sido uno de los pocos artistas en la historia del Festival que se ha negado a dar una conferencia de prensa. Según cercanos al ídolo, "no le gusta hablar, prefiere mil veces cantar". Su idea, desde que llegó, era descansar, relajarse para "entregarse por completo al público".Durante la semana que pasó en la Ciudad Jardín no asomó ni la nariz en algún tipo de actividad. Se manejó aparte del glamour, hizo de esta visita unas vacaciones. Incluso el viernes, con sus cercanos y la señora Lucrecia, se mandó un paseíto por el litoral de la Quinta Región. Llegó hasta Zapallar, ahí almorzó y compartió con la gente que lo reconoció. Firmó autógrafos, se sacó fotos y besó niños. "Más que hablar con la prensa, me gusta esto, el contacto con la gente a la que le canto", le dijo a uno de los encargados del sello. Regresaron del paseo cerca de las 21 horas. Comió, navegó por Internet y se acostó cerca de la medianoche. El día de ayer durante la mañana afinó algunos detalles de su actuación. Recibió al jefe de sus músicos, que llegaron al mediodía, le dio personalmente instrucciones para hacer algunas modificaciones al show habitual. En la tarde descansó. Antes de salir a la Quinta tomó, como siempre, un vaso de miel. A las 20 horas se dirigió para hacer bailar y dejar ronroneando, por cuarta vez, al monstruo viñamarino.
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