04 de Marzo de 2002
CRONICA
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En este rancho terminó la corta historia de amor entre dos niños, a quien la vida los obligó a crecer demasiado rápido.

(Foto: Hernán Cortés)

Un mocoso quinceañero, que durante su corta existencia le metió fierro al acelerador de la vida, murió la mañana de ayer a manos de su conviviente de 16 años frente a la modesta vivienda en la que habían instalado su nidito de amor bárbaro, en la comuna de Lampa.

Bárbaro no es un decir, ya que según el dueño de la propiedad de Balmaceda 28, Guillermo Hernández, desde que la pareja llegó a vivir a la rancha, hace dos meses, Marcos Vergara Cid y Pilar del Carmen T. C., se la pasaban peleando.

"El cabro no trabajaba. El último pololo que agarró, en una construcción, le duró dos días y después lo cortaron, porque tenía problemas con la gente y era más bueno p´al cañón que un sargento de artillería. Tampoco le hacía asco a la macoña" , comentó uno de los vecinos.

La vida de Marcos, según una investigación realizada en terreno por La Cuarta, el diario que le busca explicación científica a cada puñalá que reportea, no fue fácil porque, junto a su hermano Carlos, eran el subproducto lógico del desamparo familiar y la mala hierba que crece, alta como un álamo, en el mundo de la extrema pobreza.

"Su madre, la Jeanette, desde que se separó de su legítimo, nunca más se preocupó de ellos y el Marcos, desde los 10 años comenzó a tener líos con la justicia. Caía preso por robo, por ebriedad, por vagancia, por cualquiera cosa. Iba muy mal, el pobre cabro", nos comentó uno de sus familiares de Batuco a quien, sin querer queriendo, lo sorprendimos con la noticia de su muerte.

El Marcos conoció a la Pili en el barrio y después de pololear un buen tiempo decidieron irse a vivir juntos. Sus amigos los recuerdan como una pareja corriente, que en las tardes se iban hasta la cancha donde se corren las carreras a la chilena a mirar la puesta del sol mientras se bajaban una caja de Galáctico Tres Estrellas, tinto o del otro, o un par de botellas de chela.

Un miembro del cerrado círculos de sus amistades que ayer se llevó de recuerdo uno de los guantes quirúrgicos que utilizó la policía para periciar su cadáver, recuerda que incluso los niños tenían una canción de amor.

"El Marcos le cantaba mira lo que has hecho/ que he caído preso, en un agujero/ de tu corazón. Eran muy románticos", dijo el perico, y se fue pedaleando con sus recuerdos hasta la parcela donde vive con sus taitas.

Si embargo las cosas habían cambiado mucho en las últimas semanas y prueba de eso es que la pelea de casados de la mañana de ayer fue la última.

"Se gritaron de todo, y parece que él le pegó. De pronto escuchamos un grito que nos dejó helados y vimos que el Marco salía tropezando hacia la calle, cubierto de sangre y con las manos en el pecho. Llegó a la puerta y se fue al suelo. Murió ahí mismo. La Pili se quedó llorando y después se entregó chanchita a los detectives", declaró uno de los vecinos del occiso.


 
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