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| 15 de Marzo de 2002 | |||
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Pormenores de bestial crimen estremecen a Gran Bretaña Padres mataron a guagua de un combo, la mordieron y quemaron La historia del pequeño Sam Back fue tratada hoy (ayer) por casi toda la prensa británica. Su padre, Aaron Goodman, de 27 años, fue condenado el martes a prisión perpetua por un tribunal de Lewisham, en Essex, y la madre del niño, Emma Back, de 22 años, fue acusada bajo el cargo de culpable de abandono de un menor y su sentencia será dictada en los próximos días. Según el tribunal, el asesinato del pequeño Sam no estuvo condicionado por circunstancias atenuantes, no sólo por la atrocidad del crimen, sino por lo que sus padres hicieron antes y luego del hecho. Sam fue muerto por un puñetazo que provocó la perforación de su intestino y su cuerpo permaneció en su cuna durante 18 días. Tras ser hallado, el cadáver presentaba signos de una mordedura, quemaduras de cigarrillo en sus pies y dibujos en el resto de su cuerpo. El cuerpo de Sam fue hallado luego que sus abuelos, preocupados por la falta de noticias del pequeño, llamaron a los servicios sociales. Interrogados por la desaparición del niño, la madre y su compañero explicaron, en medio de un fuerte llanto, que Sam había muerto mientras dormía y que su cuerpo había sido trasladado en una ambulancia y más tarde cremado. Los jóvenes solicitaron, para la supuesta ceremonia de cremación, centenares de libras esterlinas. Según se supo más tarde, ese dinero fue utilizado para comprar más droga. Los peritos hallaron en el cuerpo del niño rastros de crack, un signo, según los médicos, de que el pequeño vivió su corta vida en un ambiente rodeado por el humo de ese estupefaciente.
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