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| 09 de Abril de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Se cruzó en línea de fuego, en dramático final de asalto rasca en comuna de Peñalolén Heroica polola murió de un balazo en el corazón que iba dirigido a su novio El amor enceguece o alumbra, da vida o mata en un instante. Es capaz de gatillar los más nobles sacrificios porque sus designios son inescrutables y se cumplen de improviso, rápidos como el rayo, cuando menos se piensa. Por consideraciones tan sesudas como éstas, la madrugada de ayer la joven Carolina Castillo Córdova, de 21 años, no lo pensó dos veces para detener con su pecho el disparo que hizo al corazón de su pololo un delincuente dispuesto a matar por 750 pesos, lo que vale una bebida tamaño familiar. Carolina, que lo único que le pedía al mundo -según sus familiares- era ser madre, falleció mientras era trasladada hasta la posta de urgencia de la población Lo Hermida, y ahora su pareja, Héctor Callupi, está inconsolable por que no sabe con qué pagar el regalo que le hizo la muchacha antes de morir. Este novelón de amor, violencia y sacrificio se inició cerca de las dos de la mañana en la comuna de Peñalolén, cuando el trío integrado por Callupi, su polola Carolina y Juan Hernández Flores, el amigo íntimo de la pareja, decidió ir a comprar un refresco. Impulsados por la sed encaminaron sus pasos hasta la botillería "Don Gato", el único boliche que aún permanecía abierto en el sector, pero antes de llegar se toparon con una patota de vagonetas que se les puso por delante y les pidió dinero. "Este es el peaje obligatorio de Villarrica esquina Los Muermos. Nadie pasa sin pagar", dijo el más tenebroso de los patos malos, sin decir buenas noches ni pedir por favor. "Es que no voy a pagarte ni uno porque en primer lugar somos vecinos del barrio y en segundo, porque apenas tengo para una bebida", le respondió sin achicarse Callupi. La respuesta indignó al líder de la pandilla, quien desenfundó un revólver y lo apuntó al pecho del poblador parado en las hilachas. "Entonces te vai a ir cortao, por apretao", sentenció el pistolero, y se dispuso a disparar. Justo en el instante en que sonó el estampido, Carolina, de un salto, se atravesó en la trayectoria de la bala, la que se le incrustó en el corazón. Mientras la mujer caía al suelo, el bellaco siguió disparando. El segundo proyectil se le alojó en el antebrazo derecho a Hernández y el tercero le quebró el tobillo a Juan Daniel Ponce, un vecino que tomaba el aire fresco de la noche a media cuadra de distancia. Tras ver frustrado el asalto, la pandilla, integrada por unos cinco sujetos, según los testigos, arrancó en todas direcciones, disparando al aire para atemorizar a sus posibles perseguidores. Como tantas otras veces, una vez más el amor había dicho su última palabra.
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