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| 21 de Abril de 2002 | |||
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"El Gringo" es un siete vidas: También ha salvado ileso de las ruedas de micros, taxis, camionetas y motos Sergio Ellegri: "Me pasó el tren por encima y quedé vivo"
Así de conocido en esta apacible comuna de la Quinta Región es Sergio Ellegri González, de 40 años, "El Gringo", quien, a su popularidad, suma la suerte y el honor de haber salvado casi ileso, después que fuera atropellado por un tren de pasajeros hace casi 12 años, justo cuando se dirigía a su casa con una rosa en la mano para el Día de la Madre y el "estanque" completamente lleno... Ellegri González, quien desde pequeño carga con el mote de ser apodado "Gringo" por ser "rubiecito de ojos azules", reconoce con hidalguía su afición por el tragullo. De hecho, el día en que virtualmente fue "aspirado" por el convoy, "venía ebrio caminando por la orilla de la línea", recuerda. Cuenta que, 13 años antes de su providencial salvada, el 14 de octubre de 1977, su padre fue atropellado por un tren de carga en el mismo lugar que él, aunque con menos suerte, ya que falleció entre los durmientes. "También venía ebrio", sostiene.
Vida férreaToda la vida del "Gringo", como la de muchos villalemaninos, ha transcurrido junto al estruendoso paso del pat'e fierro. Sus juegos de niño corrieron junto a los rieles y las historias y mitos tejidas junto a las animitas de quienes terminaron sus días bajo las ruedas de metal.Desde que nació, aprendió a disfrutar con respeto y temor del paso del ferrocarril a escasos metros de la puerta de su casa. "La línea es nuestro antejardín", dice. De carácter arisco, producto quizás de su condición de epiléptico, enfermedad que en el último tiempo lo ha dejado vivir un poco más en paz, declara orgulloso ser conocido por el 99 por ciento de los villalemaninos, que lo ven por la mañana limpiando autos en el centro de la ciudad y por la tarde hermoseando jardines de casas particulares.
"Me salvó mi papá"El hecho de que haya librado milagrosamente en el mismo cruce donde pereció su padre no es casualidad para "El Gringo". "Creo firmemente que fue el espíritu de mi papá el que me salvó", señala."Aún no me explico cómo estoy con vida, después de haber visto el tren por abajo. Fue horroroso", añade. Precisa que el 12 de mayo del '90, cerca de las dos de la tarde, caminaba desprevenido por la orilla de la vía y sintió pasar el tren a milímetros. "De repente, como que me chupó el aire y caí semi inconsciente entre los rieles. Veía pasar las ruedas y los fierros me rozaban la cabeza... Creí que estaba muerto y perdí el conocimiento... Desperté cuando me estaban subiendo a una camilla, rodeado de gente", relata. Resultó con una fractura en su pierna izquierda, producto del único golpe que recibió mientras toneladas de acero pasaban sobre su frágil humanidad. "Tuvieron que implantarme una plancha de titanio, pero quedé tiqui taca", indica.
Hombre de aceroAburrido de los ataques de epilepsia y los quistes que tiene en la rodilla derecha, se encuentra empeñado en obtener un carné de salud que certifique sus achaques, pues las crisis le vienen en cualquier lugar y momento. "Necesito ayuda y no que me tachen de loco", enfatiza.Se reconoce también un siete vidas, como Eliseo Salazar, tanto así que le faltan dedos para enumerar sus salvadas providenciales en accidentes. "Hace un par de años me arrolló un colectivo justo al frente de la casa. Me han atropellado taxis, camionetas, motos e incluso micros, y en todos lugares, incluso en pleno centro. Lo bueno es que he tenido suerte y sigo con vida", se quiebra.
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