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| 21 de Abril de 2002 | |||
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Por arratonarse San Felipe fue presa fácil del Cacique, que otra vez alcanzó la cima del Apertura En su ruca al Colo nadie le baja la pluma
Hambrientos como si se jugaran la final del mundo, los albos desde que sonó el primer pitazo del referí Claudio Fuenzalida salieron a arrasar. No dejar mono parado era la consigna y tanto fue el ímpetu, que ya a los 6 minutos había razones para el festejo indígena, pues en una avivada Sebastián González inauguraba los guarismos. Luego de un córner, el "Chamagol" se adelantó a los aturdidos zagueros sanfelipeños y peinando la bola provocó los primeros abrazos, porque la pelota había traspasado la línea de sentencia. No cabía duda. El Colo era una tromba y gran parte de su éxito radicaba en que San Felipe había arribado a la capital con el típico libreto del cuadro enano, que arratonado pensaba que era mejor negocio el empate que el riesgo en busca del triunfo. Por eso que el toque indio era exquisito. Espina y Huaiquipán, que esta vez las ofició de creador, instalaron un parque de diversiones en el mediocampo y arriba Quinteros y González corrían como lanza arrancando de los tombos, sin ninguna marca que los espantara. Y tanto fue el dominio local, que en los 38' los aplausos brotaron otra vez, porque Ignacio Quinteros decretaba la segunda diana, tras encajar un potente disparo cruzado, que el meta aconcagüino Omar Arcos sólo vio pasar. Se pensaba que la fiesta iba a ser de tiro largo. Esta es boleta, se cachetoneaban los más optimistas. Sin embargo, Francis Ferrero puso la incertidumbre en el ocaso del primer lapso, pues el que antes vistiera la insignia del indio conseguía el descuento, cuando se vio solo ante Eduardo Lobos y de un furibundo tiro no perdonó las redes que otrora defendía. No obstante, la reacción visitante no llegó a inquietar al cuadro popular. En el complemento, lo ratón no se le quitó a San Felipe y eso lo aprovechó el Colo, que a través de un disparo de Zúñiga y una gran pifia de Arcos, que no supo aguantar una pelota jabonosa, alcanzó la tercera cifra que selló el triunfo albo. Corrían los 55' cuando Zúñiga había anotado su tanto y nada más que consignar sucedió en los 35 minutos restantes, porque la visita ya se había entregado a su suerte y sólo tenía como excusa para su defensa que si en los 33' hubiesen cobrado un penal de Muñoz sobre Romero, tal vez la historia podría haber sido distinta. Pero con lo mezquino de su afán, los aconcagüinos no merecían otra suerte.
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