Aunque reciben ayuda constante, los albergados lo están pasando mal. Noches frías, falta de ropa y algunas humillaciones les hacen soñar con sus casitas... pero secas.
La madrugada del miércoles fue la más fría y, sobre todo en el sector poniente, los refugiados en escuelitas básicas estuvieron diente contra diente, porque las dos frazadas por persona que les dan no alcanzan a capear el hielo.
Daniela Fonseca, embarazada y con dos hijos lleva un par de noches albergada en Lo Prado. Contó que "hemos pasado harto frío, meten la estufa un rato a la sala y se la tienen que llevar al tiro porque hay mucha gente".
En la escuela Teniente Merino, de Pudahuel, las mamis Paula Orellana y Magaly Cáceres se quejaron de que "a los niños los tratan bien, que es lo que más importa, pero a una que es mayor la humillan".
La señora Paula aclaró que "no estamos aquí por gusto, es por necesidad y es penca que algunas personas nos traten como cualquier cosa", después que se manchara con la cacuca de su guagua y le negaran otro pantalón para cambiarse.
Para Marcela Correa, del sector de Santa Marta, en San Bernardo, lo peor es que ella, su marido y sus dos hijos -el niño de 1 año de edad- quedaron con toda la ropa estilando. "Acá en el albergue saqué algo para mi guagua, pero hemos pasado mucho frío", señaló.