Un pato malo que se desempeñaba como mocito en la cárcel de Pozo Almonte se fugó saliendo muy campante por el portón del penal, con la chiva de que iba a comprar dos kilos de papas, un corte de zapallo, un cuarto de carne molida y cuatro zanahorias para prepararles un fondo de charquicán a los gendarmes.
El reo apretó cachete alrededor del mediodía del martes, pero los vigilantes recién se dieron cuenta cerca de las 5 de la tarde, cuando entraron al fogón canero y vieron que las cacerolas estaban sucias y el cocinero brillaba por su ausencia.
Sólo entonces cacharon que su preso regalón, el mocito que les tenía la pieza soplada, los bototos lustrados y les llenaba el buche, se había ido sin despedirse.
El ingrato fue identificado como José Antonio Ibáñez Mesías, un pato malo que cumplía condena por tráfico de drogas.
Las amistades que Ibáñez dejó en la cana mandaron un comunicado a La Cuarta, en el que informan que el prófugo ya había cumplido siete años en prisión.
Apenas cacharon que el canario había escapado de la jaula, llevándose hasta el alpiste, los gendarmes rastrillaron la comuna de Pozo Almonte y realizaron, sin resultados, extensos y prolijos patrullajes, para recuperar al chef del penal.