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| 09 de Julio de 2002 | |||
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Alegando contaminación acústica y estrés mató a un invitado e hirió a otros dos Enloquecido por chuchuca a todo volumen dueño de casa disolvió fiestoca a balazos
Esta pequeña masacre, motivada por la contaminación acústica y el estrés, ocurrió a las 07.30 horas de ayer en un chalet DFL 2, ubicado en calle El Conquistador 1184, de la comuna de El Bosque. Según el vecindario, la fiestoca comenzó el domingo y cuando amaneció el carrete aún continuaba a todo volumen y la Chuchuca y la Mayonesa se podían bailar hasta en cualquier rincón de la pobla. El ensordecedor ruido de la pachanga tenía vuelto loco al dueño de casa, Marco Sepúlveda, de 42 años, quien no había pegado las pestañas. Mientras el patrón juntaba rabia en el lecho nupcial, en el living su mujer, Lidia Soto, y sus amistades la pasaban chancho. La tropa bullanguera estaba integrada por Francisco Santis; Patricio Soto; Elizabeth González, y E.V., un cabro de 15 años. Cuando salió el sol, Sepúlveda ya no soportaba más la bilis que le tenía la boca saborizada con natre así que cuando el DJ del evento puso una selección con los mejores éxitos de Axé Bahía, no aguanto más. Saltó de la cama en calzoncillos y luego de sacar desde el velador una pistola CZ automática de 9 milímetros con 12 tiros en el cargador, pasó bala y se dejó caer en la fiesta rugiendo como león. Llegó pateando la mesa de centro y a punta de xuxadas les hizo ver a los parranderos que la fiesta se terminaba. Para hacer más evidente su intención, de un combo silenció a los brasileños y luego apuntó con su pistola a todos los asistentes, señalándoles con el cañón de su arma -que posteriormente se comprobó que estaba encargada por robo- el camino hacia la puerta. La violenta erupción de Sepúlveda no le hizo ninguna gracia al Pancho Santis, quien le recordó que cuando un choro legítimo está chupando, nadie le quita la mamadera. Y para demostrar que no estaba leseando, retrocedió un paso para aclarar la cancha y trató de sacar una "esmitihueso" modificada calibre 38, para lavar la afrenta en singular duelo. Lamentablemente, el tragullo la había vuelto lenteja y Sepúlveda fue más rápido. Lo que vino a continuación fue una ininterrumpida sucesión de estampidos y fogonazos. Sepúlveda apretó el gatillo sólo una vez y dejó que el engrasado mecanismo de la pistola checa hiciera el resto. Dos balas dieron de lleno en el pecho de Santis, quien se fue de bruces sobre la alfombra para no levantarse más. En fracción de segundos también fueron gravemente heridos Patricio Soto y Ana Sepúlveda Núñez, que fue a meterse al boche. Según los polis, que detuvieron al homicida, el occiso tiene antecedentes por infracción a la ley de drogas y conducción en estado de ebriedad. Ayer, por alguna razón la residencia de calle El Conquistador permaneció vacía. Y en completo silencio.
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