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| 11 de Agosto de 2002 | |||
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Lleyton Hewitt, número uno del globo, sudó tinta china pa' eliminar al "Toro" de Cincinnati González tuvo la gloria a sus pies Con un cachito más de frialdad, el regalón de La Reina hubiera logrado el triunfo de su vida, ya que luego de ganar el primer set no supo abrochar el partido en la segunda manga, lo que provocó la reacción del canguro. El 6/7 (3), 7/5 y 6/2 habla de que al chupete' fierro Hewitt le costó un kilo superar al regalón de La Reina y pierna suave de la Millaray. Es más, habla de que en la primera serie el mejor tenista de la vía láctea tuvo que verse rendido a los pies del "Feña", quien desplegó en el Masters Series de Cincinnati parte de los golpes más fantásticos que han brotado de su bazuca derecha, una con que muy pocos cumpas en el mundo hoy por hoy se pueden cachetonear. Era como el sueño del pibe. Parejos hasta en los condoros (ambos se quebraron el servicio una vez), en el primer set el chileno y el canguro tuvieron que irse al tie break para ver quién era el más grosso. Y en ese desempate que hace mojar los chitecos, el público yanqui vio cómo la sorpresa se tejía de realidad cuando el "Feña" trapeó con Hewitt y lo hizo doblar las rodillas por 7 a 3. El medio piño de compatriotas presentes en el court central del recinto de Ohio, además de quedar con la boca abierta por la victoria parcial, incluso, llegó a sacar la champaña pa' brindar por lo que se avecinaba como un triunfo histórico, que habría catapultado al "Feña" a la final con el pepillo Carlos Moyá. No obstante, el canguro, caldo de chancho como el solo, despertó justo a tiempo. Antes de que el "Toro" le mandara a guardar su cacho poderoso, reaccionó y en el segundo parcial quebró en el undécimo juego para quedarse con la serie por 7 a 5, con lo que recobró el aire pues antes el santiaguino pudo haberle quebrado el servicio y haberlo condenado al infierno. Pero Hewitt es el número del mundo no por nada. Y su resurrección fue tan cotota que en la manga final arrolló con un González al que ya no le quedaban fuerzas, ni en su cuerpo ni en su mente. Así, 6 a 2 se escribió el último set que le dio el triunfo al australiano y que apenó a nuestro gladiador, porque como nunca tuvo la gloria a sus pies y se le fue como agua entre los dedos.
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