- ¡Aló, señor...! Snif... Snif...
- Tranquilito, amigo. ¿Qué le ocurrió?
- Le explico. Cerca de las 10 de la mañana de este triste lunes 26, un camión recolector de La Florida se llevó algo más que la basura de mi casa, ubicada en Lima 1443. La pesada máquina arrebató de nuestras vidas a nuestro querido amigo y compañero "Kaiser", un perrito de más de 17 años, quiltro y feo como él solo, pero no por eso con menos derecho a la existencia.
- ¿Lo atropellaron?
- Sí. Como todos los días, mi hermana Claudia lo sacó en brazos a tomar un poco de sol y hacer sus necesidades. Había que ayudarlo, por su avanzada edad. Incluso lo alimentábamos con papillas. Lo dejó en el antejardín y de repente escuchamos un terrible alarido. Las ruedas traseras le habían pasado por encima.
- ¡Qué terrible!
- Peor aún, imagínese las escena con mi otro perro, el "Copérnico", un boxer americano que daba aullidos de tristeza frente a su anciano amigo doblado por la mitad y ya sin fuerzas ni para quejarse. Pero las lágrimas que derramo junto a mi familia no serían tantas ni tan amargas, si no fuera porque el conductor, lejos de mostrar algún grado de humanidad, se limitó a decir "ah, qué tanto, si no lo vi".
- Esas son las verdaderas bestias.
- La impotencia hizo que mi hermana se amoratara las manos golpeando las latas del camión asesino, mientras mi sobrinos observaban horrorizados. En tanto, nuestro amigo trataba de aferrarse a la vida. Con resignación, Claudia acudió a la municipalidad a solicitar que pusieran fin al dolor del "Kaiser", porque la culpa era de una máquina contratada para un servicio público. Nos cobraron cinco mil pesos por el sacrificio.
- Chaaaa...
- Bueno, sólo quería despedirme de un amigo, quizás para recordar a cuanto ser querido ha sido muerto por feo, por quiltro, por invisible, por perro... Nada más, pedirle perdón por los malos ratos y decirle que lamento que mi especie le haya hecho esto... Soy Víctor Toledo y espero que por última vez ese camión se lleve algo que no sea basura.