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| 30 de Agosto de 2002 | |||
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Huaso forrado en billetes remató en 450 palos pagoda de la Anita Alvarado Nuevo dueño prometió instalar "café con piernas" en mansión de la geisha
Sólo dos califas se disputaron la posesión de la pagoda de Anita Alvarado, erecta en uno de los más rancios y pitucos sectores de Chicureo. Ricardo Sergio Romero Araneda, de 50 años, solterón y empresario de maquinaria pesada y camiones (Tranex Ltda., entre otras), se le fue en collera, pape a pape, al palogrueso Isaac Hites, propietario, entre otros negocitos, de Inversiones Niágara y de la cadena de tiendas del mismo nombre, quien tiró la toalla luego de ofrecer 401 millones por la mediagua. "Cuatro cincuenta", dijo Romero, mientras levantaba la mano, y se acabó la pelea, porque entonces la secretaria subrogante del tribunal, Cristina Toro, luego de repetir tres veces la cifra, pronunció el fatídico "Rematada". De esta manera, la regalona de la barra pop pasó a engrosar la agrupación de los sin casa y los querellantes japoneses, representados en Chile por el profesional Miguel Soto Piñeiro, recuperaron parte de los 11 millones de dólares que les robó Yuji Chida, el marido de Anita, desde la empresa donde trabajaba como contador. Como era de esperar, el remate cayó como un baño de champaña fría sobre la cabeza de la flaca, quien insistió en que agotará todos los recursos legales para recuperar su mansión. "Llevaré el caso hasta los tribunales internacionales si es preciso, y cuando gane pediré que se me devuelva el doble de la tucada de millones que me costó esa casa", dijo Anita, quien la tarde de ayer sumó dos nuevos profesionales a su equipo de defensores. Vanos fueron los esfuerzos de sus abogados -que en las próximas horas presentarán nuevos recursos en la Corte de Apelaciones- por parar la subasta, que se inició a las 10:20 horas y durante la cual pasó de todo. Incluso aquello.
Figuretti nipónMientras una docena de periodistas nipones, Yamamotos, Fushidas e Hirohitos, se afanaban por inmortalizar el acto, trabajando codo a codo junto a medio centenar de chilenos, un pato malo que se coló en la atestada Sala de Audiencias violó la majestad del tribunal y le choreó la filmadora a la reportera de un diario electrónico.Esto, mientras un Figuretti gordito, llamado Gorikén, inventaba mil payasadas frente a sus cámaras para entretener a la audiencia de un programa chacotero de su país, con más rating que "Mekano" y "Buenos Días a Todos" juntos. El oriental incluso agarró pa'l fideo a las comadres estafadas por Eurolatina y a los miembros del Fans Club de Anita, que se dejaron caer al evento para apoyarla. El flamante propietario de la pagoda también agarró papa en el leseo porque cuando le preguntaron qué pensaba hacer con la casita, dijo que "instalar un motel o un café con piernas". Luego, más seriecito, explicó que lo sentía por la Anita, pero que "negocios son negocios". "Es una buena inversión. Hay que aprovechar el momento e invertir en bienes raíces. La coyuntura económica y mi asesor financiero, Juan Jaña, así me lo recomendaron", explicó Romero, hablando con acento de ministro de Economía.
Empezó como juniorEl nuevo vecino de Chicureo, que aparece más blanco que una paloma en el satánico Dicom, confesó que decidió rematar la casita la noche del miércoles, "por corazonada", luego de verla en un programa de TV, aunque los que saben aseguran que recientemente pidió un crédito bancario de 351 millones de pesos.Quienes lo conocen aseguran que Ricardo Romero, al igual que Anita Alvarado, empezó desde abajo y se abrió paso hacia la fortuna con puro ñeque. Comenzó como junior y luego se convirtió en el socio del empresario Eduardo González, dueño de una firma que se llamó Emsergen (Empresa de Servicios Generales), hasta que un infarto al corazón lo postró en cama. Algo pasó después entre ambos porque en 1998 González entabló en el 29º Juzgado del Crimen de La Florida una querella por apropiación indebida de 600 millones de pesos contra Romero. En algún momento de la tramitación en esa causa también se hizo parte el Servicio de Impuestos Internos. El abogado que defiende, o defendía, los intereses de González, declinó referirse al tema, mientras que Juan Jaña respondió lacónicamente a la consulta diciendo que "ese juicio quedó en nada". Por último, cuando le preguntamos a Anita si conocía a Romero ella, muy misteriosa, susurró "eso no te lo puedo decir". ¡Cómo juega el ratón maula, con el mísero gatón! |
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