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| 05 de Octubre de 2002 | |||
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Extraordinaria experiencia de pirokinesis en casa de Peñalolén ¡Vimos arder espontáneamente blusa de la "morena de fuego"!
El extraño fenómeno fue inmortalizado por la cámara del gráfico de policía y las imágenes están a disposición de la ciencia, para su análisis y escrutinio. Es la contribución de Hernán Cortés al desarrollo de la Humanidad. El equipo de reporteros llegó al actual domicilio de Irma, en calle El Valle, porque algunos de sus vecinos -gritando "¡que se vaya la bruja!"-, iniciaron una campaña en su contra. Estos pobladores temen que si se incendia la mediagua de Irma Ulloa (26), las llamas también consuman las suyas. En la vivienda de pino vive la ardiente mujer con su marido David y sus dos hijos, Jesús (3) y Moisés (2). También su suegra, Elsa Reyes y José y Manuel Palacios. "Esto recomenzó hace una semana, cuando ardió la cortina del living, y como el fenómeno no sólo se da al interior de la casa sino que también en el patio, el miércoles comenzó a quemarse la ropa recién lavada que tenía secando en el cordel", explicó la mujer mientras sus hijos revoloteaban por el living mostrando tarros con agua listos para sofocar cualquier amago, escombros y desastre por todos lados. La joven recordó cómo había comenzado su calvario, tras el nacimiento de su primer hijo. Una noche, en octubre de 1999, mientras dormían, comenzaron a salir llamas desde las patas del catre. En los meses que siguieron el fenómeno se repitió una y otra vez hasta que en julio del 2001, el curita Alfredo Soiza-Piñeiro fue a santiguar su casa de la población El Esfuerzo, por si don Sata había metido la pezuña. Pero el prodigio flamígero continuó. Apenas el sacerdote abandonó la habitación, luego de rezar, la Biblia que había quedado sobre la cama fue consumida por las llamas. Ese rancho se incendió totalmente, poco después. "Cada vez que esto va a suceder amanezco rara, siento algo dentro de mi, una presencia muy extraña. Hoy estoy como eléctrica", nos explicaba Irma cuando de repente calló. La mujer empalideció, abrió desmesuradamente los ojos, se estremeció, y luego de gritar de pánico, señaló hacia la ventana de su dormitorio. ¡Un rojo resplandor se colaba a través de la cortina!. Corrimos hacia la habitación y al llegar observamos, helados de espanto, cómo una blusa de la mujer, que colgaba desde un improvisado perchero, ardía envuelta en una extraña bola de fuego. Utilizando un lápiz como tenaza, la sacamos al patio, donde terminó por consumirse. Podemos jurar que no había nadie en la pieza. ¡La maldición se niega abandonar la casa de la "morena de fuego" de Peñalolén!.
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