09 de Diciembre de 2002
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Drama de pobladora que no puede costear examen para recuperarse
Le cortaron arterias al ponerle un bypass y está en silla de ruedas

En una cama de su modesto hogar de La Pintana transcurren los días de Zulema Molina. Una embolectomía la mantiene postrada y a punto de perder el brazo.

(Foto: Víctor Ulloa G.)

Sólo una arteriografía a su brazo izquierdo podría devolver a Zulema Molina Miranda las ganas de vivir, luego que un infarto vascular que sufrió hace más de cuatro meses y que supuestamente no fue tratado médicamente como se debía la dejó postrada en una silla de ruedas.

La historia, que para esta mujer de 45 años y sus vecinos reviste a todas luces un caso de negligencia médica, comenzó a escribirse el 24 de julio pasado, cuando producto de un problema vascular fue operada en el Hospital Sótero del Río. Sin embargo, en vez del bypass que debían colocarle para restablecer la circulación sanguínea en sus extremidades superior izquierda e inferior derecha, le realizaron una embolectomía, es decir, le cortaron la arteria del brazo afectado a la altura de la axila y lo mismo ocurrió con su pierna, que lucen sendas cicatrices.

"Como me dio embolia me tenían que haber hecho una cirugía para abrirme el corazón y de ahí sacar un bypass que conectara mi brazo, pero en vez de eso me dejan sin arteria y ahora no puedo mover ni los dedos de la mano", señaló en su hogar de calle Río Los Molles, en La Pintana.

Un consulta posterior con un doctor del Hospital Padre Hurtado le devolvió la esperanza, pero sólo en parte, ya que éste le pide un examen de arteriografía para meterle bisturí y así conectarle el puente que la dejaría en mejor estado.

Una complicación adicional es que el nosocomio le exige que lleve catéteres y el medio de contraste, pero no tiene ni uno. Además, el chequeo se realizaría en el Sótero del Río, adonde Zulema se rehúsa a ir, ya que ahí se mandaron el supuesto condorox.

Para colmo, su condición le impide trabajar confeccionando bolsos y otros artículos con los que lograba juntar algunas monedas, y como el dolor de las heridas derivadas de la intervención es limitante, depende de un calmante ­Tramal­ que no ha podido adquirir.

Sus vecinos Rosa Peña y Rosa Báez han hecho colectas y rifas para prestarle ayuda, y le han conseguido medicamentos, pero para el examen solicitado o nuevos insumos no les alcanza.

"Pasa todas las noches con dolores macabros. Ella toda su vida ha sido dirigente vecinal (de la Villa Nacimiento) y verla tan mal nos causa un impacto tremendo", dijo Rosa Báez.

También la ven negra para llevarla a los controles, porque como no puede mover sus extremidades, les cuesta trasladarla. Incluso, una fotopletismografía, curva de velocidad de doppler y neumopletismografía tomadas en octubre les significó juntar 40 lucrecias y conseguirse a la buena de Dios un bono Fonasa para costear los exámenes, ya que su pensión asistencial de 36 mil pesos no da para tanto.

El diagnóstico fue enfermedad arterial oclusiva axilar izquierda y cubital derecha, cuyas secuelas atribuye a la atención recibida en el Sótero del Río: "Yo sólo pido que alguien me ayude para volver a caminar y hacer mis actividades", dice entre lágrimas Zulema.

Entre sus antecedentes médicos figuran, para rematarla, diabetes y artritis reumatoide, a lo que se agregó ahora el infarto que la mantiene lisiada.


 
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