09 de Diciembre de 2002
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Sospechoso de chorearse un botellón presentó mansa querella por secuestro
Guardias dejaron a cliente encerrado toda la noche en una bodega de supermercado

Una collera de celosos vigilantes de un supermercado iquiqueño deberá comparecer en las próximas horas ante los tribunales del puerto nortino por el delito de secuestro.

Los polis de mentira están acusados de prepotencia, gatillada por el uso irresponsable de gorras de fantasía al estilo contralmirante boliviano y bototos de utilería; y plagio, por haber detenido y encerrado durante varias horas a un cliente, injustamente acusado de chorear copete.

El nombre del local se mantiene en reserva con el fin de no torpedear sus ofertas de Navidad, entre las que se incluye una canasta familiar que trae un paquete de chumbeques, una malla de guayabas y un pan de Pascua regional relleno con aceitunas de Azapa.

La historia se inició cuando un joven técnico universitario, que pertenece a la feligresía de clientes habituales de ese templo del abarrote, ingresó a la basílica de los precios bajos e inició una piadosa peregrinación por los pasillos, arrodillándose devotamente ante los altares del alcohol.

El cabro buscaba un cabernet francés para comerse un ceviche de palometa y un jurel escabechado. Un Chateau Mouton-Rotchild, cosecha 1965, si fuera posible; o alguna joyita de la región de Bordeaux, donde en noches de vendimia aún pena el fantasma de la duquesa Leonor de Aquitania, fallecida en olor a santidad de una cirrosis fulminante el año 1202.

Sin embargo, encontró puros chuicos de plástico desechable de "Escalofrío del Diablo", "Arcadas de Urrutia y Guajardo", "Jote Minero", "Tincola de Exportación" y cajas de "Clon de Pica" y "Reserva Peralta", envasados en Iquique por "Val and Time", proveedores de la familia real.

El experto, tras hacer un gesto de asco, ariscó aristocráticamente la nariz y se preparaba a retirarse, cuando le cayeron encima dos guardias que lo inmovilizaron con llaves paralizantes aprendidas en una sucursal del templo de Shaolín, que se instaló el año pasado en Alto Hospicio, a cargo del gurú Maharishi Ashram Vivekenanda González Pinto, cinturón áureo de artes marciales.

Para realzar su imagen de poder, los guardias vestían un impresionante uniforme de sheriff (moda vaquera-napoleónica-cirquera) que incluía el sombrero unisex de la Real Policía Montada del Canadá, adornada con una pluma de loro Tricahue; la humita del rector de la Universidad de Chile, en tono verde; y una casaca de trompetista del orfeón municipal de Peñipeuco plagada de botones dorados. Completaba la tenida un pantalón rayado estilo coronel del Ejército de Salvación y un cinturón igual al arnés de seguridad que usan los cabros de Chilectra para encaramarse en los postes.

El cliente fue revisado y a pesar de sus reclamos, porque no le encontraron nada, fue conducido hasta una improvisada mazmorra y encerrado bajo siete llaves.

Eran las 20.30 horas y el infeliz ya se estaba haciendo la idea de que iba a pasar toda la noche encarcelado, cuando se dio cuenta que los guardias no le habían quitado el celular y llamó a Carabineros.

Cuando los polis llegaron, pasada la medianoche, el negocio ya estaba cerrado, por lo cual tuvieron que exigir que lo abrieran para rescatar al rehén.

Apenas repuesta de la impresión, la víctima del abuso contrató los servicios del abogado Osvaldo Flores, quien presentó una querella contra todos los que resulten responsables del secuestro. También solicitará una indemnización, porque su cliente quedó muy afectado por el incidente.


 
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