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| 05 de Enero de 2003 | |||
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Violencia pone al rojo vivo mocha de los venezolanos
Chávez advirtió el viernes sobre la posibilidad de declarar un estado de excepción en Venezuela para sofocar la crisis social y económica que enfrenta el país por un paro nacional de la oposición, que cumplió ayer 34 días. La marcha oficialista se realizó un día después que simpatizantes del oficialismo y opositores se enfrentaron al paso de una marcha de estos últimos, en la que murieron dos personas a balazos. Ambos eran simpatizantes del mandatario, dijeron ayer voceros oficialistas. "Los muertos son nuestros", dijo el líder oficialista Rafael Vargas quien acusó de los asesinatos a la Policía Metropolitana, (PM) dirigida por el alcalde mayor de Caracas, Alfredo Peña, un férreo detractor de Chávez. El comandante de los Bomberos de Caracas, coronel Rodolfo Briceño, dijo que otras 78 personas presentaron contusiones y síntomas de asfixia. La oposición acusa a grupos leales a Chávez de instar a sus simpatizantes para que dispararan contra los manifestantes desarmados que pedían la renuncia del Presidente, mientras los voceros gubernamentales alegan que un conjunto de conspiradores orquestó el tiroteo para desatar un levantamiento militar contra Chávez. Los partidarios de Chávez dijeron también que tomaron las calles para rechazar el paro opositor, que comenzó el 2 de diciembre, y mantiene parcialmente inmovilizado al sector privado venezolano y la empresa petrolera estatal, forzando al gobierno a importar combustibles, algo impensable un mes antes.
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