06 de Enero de 2003
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Jueza no descarta interrogar a sacerdotes que conocieron denuncias por encubridores
El cura Tato violó a tres jóvenes en Semana Santa: Amenaza con suicidio

Escabrosas declaraciones de José Aguirre Ovalle. Cuando chico manoseaba a las nanas de la casa y también se acostaba con las mamis de los niñas que violaba.

(Foto: Copesa.)

Como un cura con perfil de califa, candidato al suicidio, anormal, con una irrefrenable vocación por los senos exuberantes de las adolescentes y un funcionamiento sexual primitivo, califica a José Andrés Ovalle, el Cura Tato, el examen sicológico ordenado por la jueza Rosa María Pinto.

La titular del 16º Juzgado del Crimen instruye la causa por nueve casos de abusos sexuales y una violación contra el controvertido sacerdote, y está a punto de dictar sentencia.

Ovalle fue arrestado el 5 de octubre del año pasado cuando regresaba de un viaje a Honduras, luego de que una semana antes una mujer lo denunció ante la justicia por el presunto delito de violación de sus dos hijas.

El diagnóstico siquiátrico, asegura que en el cráneo del curita predominan "las fijaciones en objetos infantiles... donde predominan los rasgos histriónicos en el contexto de una personalidad limítrofe..."; reconoce que pensó dejar el sacerdocio y casarse con una de sus enamoradas y confesó que sus primeros juegos sexuales consistieron en correrle mano, es decir, en manosear a piacere a las empleadas de su casa.

Lo más grave del informe es que diagnostica un cuadro depresivo. El cura Tato está último de bajoneado, y quiere suicidarse.

En los exámenes y ante el tribunal José Aguirre ha intentado lavarse las manos y distribuir equitativamente su responsabilidad con la de sus víctimas alegando que las jovencitas a las que sedujo y con las cuales tuvo relaciones no eran de las chacras y tenían muy claro con qué chicha se estaban curando.

En una de su declaraciones, muy suelto de cuerpo el Cura Tato dice "respecto de que si yo estimo que ambas menores tienen discernimiento para darse cuenta, puedo contestar que sí, lo creo, o sea, que las dos sabían lo que estaban haciendo".

Las mamis también se ponían con el diezmo

Aparte de las seis familias de Quilicura cuyas hijas (9) pasaron a formar parte del rebaño de las ovejas regalonas del Cura Tato, gracias a la investigación que realiza la titular del 16º Juzgado del Crimen, también se ha sabido que el personaje tampoco le hacía el asco a las maduritas de su parroquia.

Apabullada por la desgracia que afectó a una de sus hijas, que también pasó a formar parte del harén del Tato, su madre llegó hasta el tribunal a entregar su propio y desgarrador testimonio.

Golpeándose en el pecho, arrepentida y contrita la señora declaró: "Señora jueza, yo también he pecado. Caiga sobre mí la ira del Señor. Dos años después el padre José Andrés comenzó una relación sentimental conmigo. ¡He pecado! . Debido a esto fui hasta su lecho y lo conocí. Mantuvimos relaciones sexuales esporádicas en su residencia particular. Esto no lo sabe mi marido ni mis hijas. He tenido conocimiento de que el padre mantuvo relaciones sexuales con otras personas adultas al igual que yo, pero eso no me consta, son rumores. Después que salió a la luz pública este problema supe que a mi hija el padre la siguió molestando".

En el mismo expediente, una estudiante declara que el sátiro con sotanas la mandaba a buscar a su casa para violarla. Si estaba nerviosa le ofrecía pastillas para relajarse, pero ella nunca se las aceptó porque pensaba que eran droga.

"En una oportunidad me confesó que me quería y que le gustaría tener un hijo conmigo. Que ya tenía otro pergenio, con otra mujer. También me contó que cuando él era niño lo habían violado.

No todas las víctimas del Cura Tato rechazaban las milagrosas pastillas que relajaban y hacían olvidar.

"Después de la relación me daba unas píldoras para estar tranquila, según él, pero quedaba como dormida", declaró una niña violada en 1998.

Además existen testimonios que indican que el bellaco trató de que sus víctimas se sintieran culpables cuando no lograba su satisfacción sexual o una erección.

"No pudo llegar a penetrarme efectivamente -relata una de las jovencitas- pero sí a intentarlo reiteradamente a través de amenazas de que si él iba a la cárcel se mataría, y ello sería mi culpa".

Prestamista con ventaja y prevaricador contumaz

Tato aceptó ante la jueza que llegó a enamorarse de una de las pololitas de su diócesis y que incluso pensó en casarse con ella, pero mientras lo pensaba no dejaba pasar mosca sin sacarle un ala.

"En el mes de enero del 2000, cuando yo tenía 14 años, quería viajar al norte con mi hermana, pero como no tenía dinero suficiente le pedí al padre que me prestara 20 lucas. Me dijo que no tenía inconveniente, pero me pidió que fuera a la casa parroquial a buscar el dinero. Fui a su pieza. Estando allí me dijo que me sentara en su cama, lo mismo hizo él, se puso al lado, y metió su mano por debajo de mi polera".

Triple sacrificio de Semana Santa

Sin embargo, una de las denuncias que más ha repugnado a los fieles es la formulada por una madre, quien denunció que con motivo de la celebración de la Semana Santa de 1999 el párroco abusó de sus tres hijas mientras efectuaba una confesión masiva en la parroquia.

"El hecho me horrorizó y se lo comenté de inmediato al obispo Sergio Valech", sin embargo, éste le recomendó guardar silencio.

"Le conté lo sucedido con mis hijas y me dijo que me quedara callada, que no hiciera nada, porque si hacía esto público mis hijas serían asediadas por la prensa y por todo el mundo. Además me dijo que la iglesia era como un elefante, y yo una hormiga, es decir, nadie me tomaría en cuenta".


 
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