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| 08 de Enero de 2003 | |||
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Incendiaron casucha donde dormían dos quiltritos: Uno murió y el otro quedó malherido Salvajes quemaron vivos a cachupines que abuelita enferma recogió de la calle
El acto de extrema crueldad se registró la noche del domingo en la intersección de Primera Transversal con 10ª Avenida, San Miguel, cuando unos desalmados le prendieron fuego a una frágil casuchita de madera que la abuelita Ana Jure les había amononado a sus huéspedes peludos afuera de su casa, adosada a un gran encino que existe allí. Aunque ella tiene en su casa, en la que habita sola con su sobrina, a ocho canes, igual su corazón le permitió aguachar a estos cachupines que otro desalmado botó en pleno invierno porque les molestaban, tenían pulgas, carecían de pedigree o no eran de una raza. Como nadie los recogía, empezó a tirarles pan, a darles agua y así, de a poco, prácticamente a adoptarlos como suyos, con la salvedad de que, por espacio y porque tiene sus propias mascotas, los mantuvo afuera, pero siempre bajo su cariño y cuidado. Si bien primero se trataba de un solo quiltrito, al que bautizó como "Kancy", luego llegó uno más pequeño, menudo y motudo al que llamó "Chasconcito". Así transcurrían los días para esta sensible y bienhechora teclita, hasta que ese fatídico domingo, a eso de las 03.00 de la madrugada, los aullidos desesperados de los perritos la despertaron. Como una trombosis la dejó atada a una silla de ruedas hace un tiempo, no pudo salir de inmediato a la calle. Sin embargo, cuando se asomó, observó con espanto precisamente a "Chasconcito" arder entre las llamas corriendo despavorido. "Kancy", más afortunado, logró escapar jabonado. Sin poder contener el llanto, la anciana contó a La Cuarta que si bien una vecina intentó apagar el fuego con agua, el perrito quedó atrapado y sólo cuando se aplacaron las llamas, arrancó para morir metros más allá: Estaba calcinado. "Esos perritos se estaban ahogando en el invierno cuando yo los ayudé. Yo quedé viuda y no tuve hijos y por eso me apoyo en ellos, que son mi compañía", indicó, con la voz entrecortada. Carabineros que concurrió al lugar comprobó que la esponja que les servía de colchón "para que no pasaran frío", según la nona, fue encendida con fósforos, en una acción que todos en el barrio atribuyen a drogadictos que llegan a molestar y que a veces hasta lanzan piedras, guarecidos en unos trabajos que se realizan en el pavimento.
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