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| 15 de Enero de 2003 | |||
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"No me dan pega por 'viejo' y tengo apenas 40 años", se lamenta Drama de padre: Cesante y con hijo gravísimo
Con un cargo súper bacán en el recuerdo -alcanzó el grado de subgerente de Procesos del área de Operaciones del Citibank- perdió su empleo luego de hacer uso de una licencia médica, justo cuando con su mujer, Ana Jerez, intentaban reponerse del duro golpe de que el "Benjamín" de la familia iba a llegar al mundo con graves problemas de salud. Macrohidrocefalia, malformación de Arnold Chiari, parálisis cerebral, atrepsia esofágica y estenosis residual son sólo parte de la larga ficha médica que tiene el niño en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, a lo que incluso se sospecha que suma una ceguera. Y es que cuando se suponía que la fábrica de nenucos estaba cerrada, ya que Anny se había sometido a una ligadura de trompas después de su tercer retoño, Claudio, de apenas año y medio, el 1 de enero de 2002 sintió que su guatita se movía. Se había expuesto a rayos X, ya que, como daba por descontado que no volvería a ser mamá, se medicó y llevó una vida como cualquier persona que dejó de criar. Pero estaba embarazada de 5 meses y haber recibido la radiación le significó que el chiquito sufriera graves malformaciones dentro de su vientre. Así, el 29 de abril dio a luz en el recinto asistencial mencionado a Alvaro Antonio, y de inmediato le advirtieron que lo que venía era difícil y las expectativas, inciertas. Como buenos padres, decidieron jugársela por el mocoso y empezó el calvario de una operación tras otra. Mientras, en su familia, nadie esperaba que despidieran al jefe de hogar después de 12 años de servicios, hasta que un día recibió el aviso que le cambió aún más la vida. Con la indemnización y confiado en sus conocimientos (manejo contable de operaciones, administración de cartera, control de presupuesto y todo el teje y maneje bancario), Claudio empezó a salir de sus calillas e intentar hallar una pega. Lo necesitaba más que nunca para sobrellevar los gastos que apareja mantener a un chiquito enfermo. Mandó cartas a empresarios de renombre, como Sebastián Piñera, al alcalde Joaquín Lavín, a autoridades del Gobierno, pero nada; ni una sola oportunidad, ni siquiera una respuesta por cortesía. Y eso que la plata comenzaba a escasear. Por suerte, como pudo siguió cancelando la isapre, y como estaba suscrito al seguro por enfermedades catastróficas, el desembolso no ha sido ni la tercera parte de lo que imaginaba. Sin embargo, igual debe contar con un deducible, que calcula en tres millones, y para que el niño esté en casa, rodeado de los suyos, requiere la atención permanente de enfermera por su delicada condición, además de la rehabilitación, porque hoy Alvarito apenas sostiene su cabeza. Ana, con esa fortaleza que dan los momentos complicados, se las ingenia para preparar mote con huesillo y alfajores que sus dos hijos mayores, de 12 y 9 años, salen a vender casa por casa en su barrio, en La Florida, a lo que Claudio no puede menos que reaccionar con impotencia. "Ellos deberían estar dedicados a estudiar; se supone que un padre debe dar estabilidad a sus hijos, pero en cambio tienen que salir a la calle, como si pidieran limosna", señala sin poder contener el llanto, un llanto de hombre que clama por poder trabajar, porque, cuando busca pega, se topa con respuestas tan insólitas como que a sus 40 años "ya está muy viejo".
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