02 de Febrero de 2003
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Ni epilepsia la amilana para pedalear con sus dos amores: Todos la quieren en Maipú
Pintoresca suplementera reparte diarios con su retoño y gato regalón en una bici
Ricardo Manzur

Alejandra Acevedo Barraza llama la atención donde quiera que va, con su hijo Alejandro afirmado de sus espaldas y el minino Tobosqui mostrándole el camino en la cesta de su bicicleta.

(Foto: Edmundo Romero)

Con ataque de nervios estuvo la suplementera Alejandra Acevedo Barraza (36) hace un par de semanas, cuando Tobosqui, su gatito regalón, despertó decaído, estornudando y con un maldito resfrío que casi lo mandó al otro mundo.

La angustia de esta sacrificada canillita, que desapareció cuando el micifuz quedó como tuna por arte de magia, tiene una gran justificación: hace más de un año que tipín 4.30 de la matina, la mujer lo instala en un canasto en la parte delantera de su antigua bicicleta y, métale pedaleando, sale con él a repartir diarios a los vecinos de la Villa Los Héroes, en Maipú.

Es que suplementeras hay hartas, pero pocas como doña Aleja. Con mucho esfuerzo y orgullosa de su pega, es la única fémina del rubro (así lo afirma ella) que, además, pone a su único hijo, Alejandro Acevedo (6), en la parte trasera de la chancha para que vocee con su voz de pitito "ˇSalió La Cuaaaarta... Compre La Cuaaaarta".

"Me conocen como la 'Señora del Gato' y mucha gente me compra diarios por este solo hecho", dice la mujer, de grandes ojos y tono dicharachero. Y lo que parece una simple anécdota, tiene detrás una historia cargada de penas, esfuerzos y una que otra alegría.

"Pensaron que estaba chalada"

La ondita de salir a repartir los periódicos junto a sus "dos amores" no es por un capricho, sino que nació por una necesidad: Hace cinco años su esposo, un brasilero mala leche y badulaque, apretó cachete y hasta ahora no se le ha visto ni en pintura, dejando sola a la mujer con su hijo.

Para colmo de males, tiempo después la empresa donde laburaba como cajera le dio el sobre azul, "porque pensaban que estaba chalada, pero lo que tengo es epilepsia", dice entre sollozos. "Busqué trabajo en muchos lados, pero me cerraron las puertas por esta enfermedad. Y como mi papá ya trabajaba como suplementero, me dijo que lo ayudara y acepté altiro, por necesidad".

Como la pega de suplementera los obliga a levantarse con las gallinas, doña Aleja en un principio dejaba a su peque solito en casa, pero la preocupación típica de mamá fue más fuerte y por eso decidió conseguir una compañía para su enano.

"El gato de mi hermana tuvo una camada grande. Yo fui con mi hijo y él lo escogió altiro. Así comenzó la historia. Ahora es tanto el cariño que no nos imaginamos sin él", señaló sonriendo.

Gato maúlla ante los ataques

La epilepsia le fue diagnosticada hace cinco años y le ha traído más de un atado. Varias veces ha sufrido ataques cuando está sola en su hogar y queda inconsciente por horas y a veces días.

Sin embargo, lo más peludo es cuando sale a entregar periódicos. "Justo un día salí sola. Eran como las 5 de la mañana y, de repente, me dio un ataque. Me caí y quedé tirada en medio de la calle. La gente pensaba que estaba borracha, hasta que un joven me tiró, así de simple, a la vereda. Si hubiera andado con mi hijo o Tobosqui me hubiesen ayudado, porque cuando me pasa algo, el gato se pone a maullar como loco", sostiene De hecho es tanto el amor que siente por el lanudo minino que cuando hubo un temporal el año pasado, "fui una de las pocas suplementeras que salió a repartir diarios. Y con el gato al hombro, poh".

"Este trabajo es sacrificado. No gano mucho, porque mi papá se lleva gran parte de las ganancias, pero la satisfacción que tengo es que mi nene aprendió a leer antes de los 5 años por estar cerca de los diarios y si el Tobosqui pudiera, también lo haría", remacha orgullosa.


 
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