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| 05 de Febrero de 2003 | |||
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Magdalena Calvert tenía dos años de sobrevida por una fibrosis quística Niña trasplantada de sus pulmones corta las huinchas por subir escala
Magdalena Calvert Campos nació con la afección y hace tres calendarios, la casualidad hizo que acompañara a su hermana hasta la Clínica Las Condes, dado el progresivo deterioro de su salud. Las dos chiquitas presentaban la misma patología: una fibrosis quística. El destino, sin embargo, no permitió que la mayor de las mocosas sobreviviera, con lo que la atención de los médicos se centró de inmediato en Magdalena, entonces de 10 pepitas. A pesar de los constantes tratamientos en base a medicamentos, la menor iba cuesta abajo, al punto de empezar a requerir oxígeno por las noches, hasta que hace cinco meses los doctores a cargo de su terapia se percataron que la única manera de revertir esto era un trasplante bipulmonar; una operación que si bien se realiza en el establecimiento, nunca se había practicado en un paciente infantil. A esa altura la insuficiencia respiratoria se había tornado severa y la calidad de vida de la chicoca estaba seriamente afectada: Se cansaba con facilidad y los cuadros infecciosos eran repetitivos y cada vez más fregados. Ya no podía subir al segundo piso para asistir a su sala de clases y la mochila se tornaba un suplicio cargarla. Finalmente, el 20 de enero, un equipo de médicos encabezado por el exitoso bisturí del cirujano cardiotorácico Jorge Mascaró, marcó un hito en cuanto a la fibrosis quística, pues hasta el momento los peques que llegaban a requerir nuevos sopladores para seguir vivos debían ir al extranjero. Según explicó el doc, las únicas limitaciones que tendrá la jovencita serán las propias de todo trasplante: controles periódicos y medicamentos, pero aparte de eso, puede hacer una vida normal. La fibrosis quística de por sí no presenta síntomas, lo que dificulta su diagnóstico. Al producir secreciones muy espesas, tapa conductos y da lugar a infecciones que son las que manifiestan la enfermedad. "No todos los niños fallecen, pero lo que sí es un problema es que todos, algunos más otros menos, en algún grado presentan dificultades pulmonares y lo que al final los mata es eso", indicó el especialista. Para Mascaró el que se desconozca cuántos de los 250 fibróticos quísticos que hay requieren otros pulmones pasa por un tema de referencia, donde hay que enviarlos a la unidad de trasplante para su evaluación, y de recursos, ya que en el sector público no hay financiamiento para esta intervención. El Auge, en tanto, contempla sólo el tratamiento, pero no un trasplante.
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