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| 08 de Febrero de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Para que no lo pillaran, tiró el cadáver en la calle, llamó a la poli y trató de hacer pasar el caso por homicidio Cabro de 16 años acribilló a su hermano mayor porque no quiso seguir chupando El hecho ocurrió la madrugada del jueves en el puerto de Talcahuano, Octava Región, donde el menor A.A.A., de 16 años, se juntó a chupar con su hermano Daniel Aedo Alarcón, conocido en el jet set de la zona como "El Chino". Ambos trabajaban ad honorem afirmando con la espalda los postes de la luz para que no se cayeran. Al final de la chupeta, y cuando sólo quedaban los conchitos del copete, el péndex le pidió plata a su hermano mayor para comprar más parafina. Sin embargo, Daniel le dijo que nones, que sólo tenía ganas de irse a la de plaza y media, y lo dejó con la lengua securri. Ante la negativa, el cabro sacó un revólver calibre 22 y le disparó dos tiros en el tórax a su brother, tras lo cual planificó un plan para librar piola y cargarle a otro el muerto. Fue así como el cadáver se lo echó al hombro y lo llevó a la calle Los Araucanos del cerro La Gloria, donde lo dejó estiradito. Enseguida, el homicida se dirigió al verdadero sitio del crimen y llamó por cuernófono a los carabineros para informarles que se habían echado a su hermanito. Al llegar al lugar, los policías encontraron llorando a moco tendido al menor, gritando al cielo y pidiéndole a Diosito que iluminara a los verdes para que encontraran al autor de los disparos. Car'e palo total. Tanto lloriqueo dejó muy cachudos a los polis, quienes tras una breve asamblea decidieron comprarle un paquete de pañuelos desechables y encanar al muchacho. El homicida demostró tener un verso de miedo, ya que en el cuartel policial siguió engrupiéndose a los carabineros, los que terminaron llorando junto al chiquillo y lo dejaron en libertad. Los que nunca dieron jugo fueron los detectives de la Brigada de Homicidios (BH) de Concepción, quienes también habían recibido una orden de investigar. Los sabuesos volvieron a detener al cabro y lo interrogaron. En su declaración, se contradijo más que Pareto, Rebolledo y Jiménez juntos, por lo que, después de mirarse varios segundos a los ojos, los policías cacharon que el mocoso les estaba ofendiendo la inteligencia y lo sometieron a la prueba de orientación criminalística. Durante los análisis, los peritos encontraron restos de pólvora en la manopla derecha del detenido, tras lo cual A.A.A. decidió confesar el homicidio. El revólver aún no ha sido encontrado por los detectives, puesto que el menor también confesó que después de ocuparlo lo lanzó a una quebrada del cerro San Francisco. El péndex quedó a disposición del Primer Juzgado del Crimen de Talcahuano.
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