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| 19 de Marzo de 2003 | |||
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Capo de la FACH cuenta la firme sobre los estragos que producen Armas químicas y biológicas tienen Con tiritones a tropas del Tío Sam
Paz señaló que no se puede precisar qué tipo de estas armas tendrían los ejércitos del mundo, pues más de 40 países aún no ratifican la Convención de las Naciones Unidas en este tema, entre ellos Siria, Libia, Irak, Corea del Norte y Egipto. "La información abierta, es decir, que los países han puesto a disposición de las Naciones Unidas y el mundo, hace suponer que los agentes de guerra químicos más empleados serían los neurotóxicos, entre ellos el gas sarín y tabún, y los de la serie Vesicantes, como el gas mostaza de azufre y las lewisitas, de mayor toxicidad y persistencia que los anteriores", afirmó el oficial. Respecto de los efectos en los seres humanos, el experto señaló que todos ellos y en especial los neurotóxicos, producen alteraciones al sistema nervioso central, lesiones en la piel, mucosas, sistema digestivo, paro respiratorio y, según la concentración recibida, la muerte. Una vez que se ha diseminado, su radio de acción efectivo depende de las condiciones atmosféricas: con altas temperaturas, el sarín y el tabún tienden a permanecer menos tiempo en el ambiente, entre uno y cuatro días y con frío hasta dos semanas; el gas mostaza se mantiene entre dos y siete días bajo temperaturas cálidas y ocho semanas con temperaturas bajo cero. "La característica de un arma química es que actúa velozmente, en una zona de gran amplitud, es de fácil aplicación y alto grado de toxicidad", indicó el militar. Las armas biológicas son tan letales como las químicas, pero tienen otros objetivos: provocar una gran epidemia que obligue al potencial enemigo destinar enormes recursos humanos y materiales en atender y procurar salvar la vida de los infectados. Entre ellas se encuentran el ántrax, la toxina botulínica, el ébola, la viruela y la ricina. A excepción de la primera, que en poco tiempo es letal, para el resto hay tratamientos específicos. En Chile, la Dirección General de Movilización Nacional, preocupada de estas materias tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York, estableció dos comités de crisis, uno para el área biológica y otro para el área química, los que definieron campos y protocolos de acción.
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