24 de Marzo de 2003
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La guerra no es un ¨juego de niños¨
Viviana Fainé Brath.



Las manifestaciones en favor de la paz, en particular de la gente más chica, se han repetido desde que estalló la guerra. Los de La Pintana acudieron a La Moneda a agradecer los esfuerzos para evitar el conflicto.

(Foto: Rodrigo Soto)

En el jardín Peñihuén Andino, de La Florida, apenas empezaron los ataques, los chicocos salieron con letreros a protestar a la calle. Sueñan con construir un planeta humano, no como otros.

(Foto: Rodrigo Soto)

¨La guerra es mala, porque van a morir muchas familias. Además, hay que pensar que va a afectar a un país¨, dice Belén Pérez, del jardín infantil Peñihuén Andino, en La Florida. Y es que a pesar de sus cortos años, los más perjudicados con el conflicto armado que hoy enfrentan Estados Unidos e Irak son los niños que, como recién empiezan a abrirse al mundo, no logran dimensionar que se trata de una guerra muy lejana.

Según recomienda la mayoría de los sicólogos criollos, nada se consigue con ocultarles esta realidad que está allí, frente a sus ingenuos ojos, ya que, con encender la tele y sintonizar cualquier canal, son capaces de observar cómo están agarrados de las mechas.

Además, debido a esa inmediatez de la imagen, cada vez más directa, en colores y con corresponsales que a cada minuto transmiten los pormenores de un enfrentamiento donde la lucha cuerpo a cuerpo de los antiguos filmes es cosa del pasado, resulta imprescindible hacerles notar que es una pelea ajena, que no tiene por qué afectarnos en lo cotidiano y, por el contrario, incentivar en ellos los valores positivos de la tolerancia, el respeto y de que las cosas no siempre se arreglan con violencia. De allí que más que esconderles esta realidad, hay que saber explicárselas.

Según señala el sicólogo Miguel Carrizo, las imágenes de la guerra que actualmente se ven en la pantalla chica no distan mucho de lo que miran a diario los chiquilines en los dibujos animados, porque en ellos actúa más bien una llamada sicología que se centra en lo mágico, a diferencia de los pailones, que tienen cierta racionalidad. Entonces, si bien logran darse cuenta de que algo está mal por los mensajes difundidos en su entorno, no consiguen comprenderlo como tal.

"Asumo que los niños lo que han visto es un espectáculo visual. La guerra actual no ha mostrado muerte, es más bien un relato y eso no va relacionado con la realidad real, por decirlo así, sino que va siguiendo la lógica de la realidad mágica de los más chicos", advierte el especialista.

En tal sentido, sostiene que es muy difícil que los menores puedan llegar a presentar angustias, depresiones u otros problemas, sino que los riesgos más bien corren por el lado de que tiendan a imitar esa agresividad, sea ahora o en veinte años más. "Los chiquillos preescolares más bien responden a la tranquilidad emocional que está dirigiendo la situación. Entonces, si los padres son capaces de hacerles entender que esto es ajeno, y que el modelo del matón, por ejemplo, que, pese a ser abusivo, no obtiene castigo, se está validando una situación de riesgo a futuro", añade.

Además, esta posibilidad no es privativa de la guerra, sino de la televisión en sí. Se van haciendo inmunes, como que todo, incluso un conflicto de tal magnitud, es cotidiano y deja de ser atractivo. "Lo que los adultos deben hacer es nunca ocultar lo que está ocurriendo; esa es la realidad y ayuda a vivir", acota.

Como botón de muestra, apunta que ya la generación que tenía 18 años en el '91 presenció la guerra del Golfo Pérsico como un producto que está en el mercado. "A mi juicio, la guerra y cómo se exhibe, es mala, y su impacto en la forma de ver el mundo los niños es serio, pero los cambios a nivel de comportamiento no son tan importantes", sentencia Carrizo.

Entre los consejos que entrega el sicólogo están explicar que la violencia no es nunca deseable, apagar la televisión si las imágenes son muy cruentas o si el menor se asusta y estar siempre atento a cómo el niño resuelve sus problemas, si es por las buenas o a la fuerza.

Privilegiar el diálogo

Para Inés Zúñiga, educadora infantil del Peñihuén Andino, lo mejor es conversar estos temas, hacerles ver la realidad, pero siempre buscando una enseñanza como para evitar que se llegue a otra guerra en los próximos años. Así, asegura que hay que trabajar todo lo que son los valores, el respeto y los derechos humanos, fundamentales desde los primeros años de vida.

De hecho, apenas comenzó el ataque tras los intentos fallidos por la paz, los pitufos bajo su cuidado, manifestaron mucha preocupación y dolor por las muertes. "Más que temor, lo que más manifiestan es preocupación por las muertes, por esos niños que van a morir; es un dolor muy grande que sienten. Dibujan manos de niños muertos. Cada uno tiene su opinión y sufren mucho. Algunos han llorado", indica.

Para Samuel, parvulito del jardín, la guerra no tiene significado, porque para definir algo se puede conversar. "Van a morir muchas plantas, muchos animales y personas. Va a ser siempre algo malo", dice, mientras sus compañeros Javiera y Emiliano sostienen que "la guerra trae muerte a mucha gente que es inocente".


 
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