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| 30 de Marzo de 2003 | |||
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Con bullicioso concierto clausuraron exposición cultureque La Moneda abrió puertas a organilleros y chinchineros Jaime Salas Téllez
Eso sí, ninguno de los varones abrazó la profesión del taita. "Lo que pasa es que a mí me sacó mi papá a la calle a los 11 años y no quise que ellos pasaran por lo mismo. Ahora todos tienen una buena profesión", señaló. De los 27 organilleros que todavía pululan por pueblos y ciudades del terruño, Muñoz es el más viejujo. Con su tradicional instrumento ha visitado desde Rancagua por el sur hasta Arica por el norte. Santiago se lo recorrió entero 10 veces a pie. "Donde mejor me iba era en Antofagasta. Lamentablemente ahora se echó a perder la pega. Lo mismo sucedió con Calama. Hay poca plata. También me cuesta trasladarme porque, a diferencia de mis colegas, no tengo vehículo. Y eso que trabajo con un par de loritos de la suerte: Pascual y Pascuala". Este organillero de tomo y lomo fue uno de los encargados de ponerle color, junto a un grupete de chinchineros, a la clausura de la exposición "Organillos: Patrimonio Urbano", que tuvo por finalidad rescatar las raíces folclóricas y populares de Chilito. La muestra que estuvo a cargo de la Corporación Cultural de Organilleros de Chile en conjunto con la División de Organizaciones Sociales (DOS) del Ministerio Secretaría General de Gobierno cerró con un fantástico concierto en el Patio de Los Naranjos del Palacio de la Moneda. Los asistentes, en su mayoría turistas gringos que visitaban la casa de gobierno, pudieron deleitarse con las melodías que cada organillo lleva grabadas en sus 18 cilindros de madera o metal. La mayoría de estas cajitas musicales provienen del extranjero, principalmente de Alemania y Francia. El primer organillo llegó a Chile a comienzos del Siglo XIX y sirvió para que los más pobletes de entonces pudiesen parar la olla. Actualmente sobreviven 32 de esos instrumentos originales, los que son mantenidos como relojito por Manuel Lizana, presidente del Sindicato de Organilleros. Quien también participó en la movida fue Leopoldo Mondaca Acevedo, casado, cinco hijos. Al igual que Don Gustavo, heredó de su padre el oficio. El campeón recorre las calles y cerros de Valparaíso con su instrumento al hombro, y aunque como todo el mundo tiene días buenos y malos, manifestó que morirá siendo organillero. "En el verano me va mejor, no ve que toda la gente de Santiago se va pa'llá. Cuando en el invierno se pone malo, me voy a tocar a los cerros", remachó.
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