01 de Mayo de 2003
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Calicheros pagaron con sus vidas demanda de 8 horas de pega en Escuela Santa María
Arida pampa vio germinar semilla del 1º de Mayo en Chilito
Juan Luis Bonell Bravo

Como patada en la guata -por el tramiteo y la sensación de ser mirados bajo la pierna- les caía a los obreros salitreros del norte el pago con fichas, y no billetes, para comprar merca en las pulperías. Los sacrificados calicheros también tomaban un sorbo amargo con jornadas de trabajo kilométricas, escasos descansos, no cancelación de horas extras y persecuciones a los que alzaban el puño.

En ese ambiente, con protestas esporádicas pero señeras, sobrevino la llamada posteriormente "Matanza de la Escuela Santa María", en Iquique. Perdieron la vida 2 mil salitreros que se refugiaron en el establecimiento, y su muerte fue el preámbulo para la instauración oficial del 1º de Mayo, Día del Trabajo.

Les avivó la cueca una organización piolita y de las escasas que a comienzos del Siglo XX empujaban el carro de las conquistas y demandas del pueblo laburante: La "Mancomunal" del histórico puerto de la Primera Región mostró sus colmillos hasta el 21 de diciembre de 1907, cuando fue exterminada.

Fallos a un organismos que los dirigiera, los trabajadores de la Maestranza de Ferrocarriles corrieron con colores propios, con más corazón que reflexividad, enfrentándose a tropas militares enviadas por el Presidente Montt.

Al mandatario le presentaron el 4 de diciembre de 1907 que el pago remunerativo se hiciera con billetes y partiera el libre comercio en las pulperías. El gobierno se hizo el de las chacras y, al no prestar oreja, tuvo que afrontar una huelga de los obreros del chiquichá, unidos a los salitreros.

Escritos de la época hablan de otra razón que impulsó a los obreros a chantar: el impedimento de trasladarse en transporte ferroviario.

Una marcha hasta Iquique, acompañados por sus esposas e hijos, precedió a la matanza. Les habían soplado que el Ejecutivo envió tropas militares desde Valparaíso, por lo que decidieron esperar que pasase el aguacero, refugiándose en la Escuela Santa María, escenario de la muerte de 2 mil de ellos a fuego de metralla.

Pero su lucha no se apagó con las armas. Es más, contribuyó a la unidad. Se asociaron y en 1925 revelaron que el movimiento obrero no estaba zeta: asaltaron el almacén La Coruña, despertando la rabia del Ejército, que otra vez disparó contra los revoltosos y sus familias, según libros de ese entonces.

Más potentes señales de estructuración obrera se observaron con los sindicatos de Santiago, Antofagasta y Valparaíso. Los planteamientos laborales ya se habían hecho oir en entidades mutualistas, culminando con la primera mancomunal de obreros, entre el 15 y 18 de mayo de 1904.

El profesor Fernando Ortiz puntualizó que en 1834 ocurrió la primera rebelión minera en Chañarcillo, en tanto los tiznados del carbón revolvieron el gallinero en forma similar en 1859.

Como uno de los grupos más robustos saltó a la arena la Unión de Empleados de Chile, UECH, que reunió a trabajadores de los sectores públicos y privados, siendo el antecedente de la posterior Confederación de Trabajadores Particulares de Chile y de la Confederación de Trabajadores del Sector Privado.

Por su flanco, los laburantes de lustrosos ternos grises del sector público se juntaron en la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, ANEF, que lucieron sus filas a cototas figuras del sindicalismo como Clotario Blest y Tucapel Jiménez, este último asesinado brutalmente en febrero de 1982.

El primer punta de lanza de la lucha laboral unificada fue Luis Emilio Recabarren, que de las peleas calicheras saltó a organizador de los actos del Día del Trabajador y del tercer congreso de la Federación Obrera de Chile, FOCH, que mostró ñeque hasta 1936.

Los que saben aseveran que ninguna asociación habría brotado, si es que antes no se sembrara la semilla del descontento, a través de protestas y huelgas. El más chiquiturru de los alborotos data de 1834, con la reacción de los mineros de Chañarcillo. Más adelante los pataleos emergieron de las minas de carbón de Lota y Coronel.

En 1934 los sindicatos con rostro legal se reagruparon en la Confederación Nacional de Sindicatos de Chile. Poco después se registró el gran salto de la Central Unica de Trabajadores.

Durante el régimen militar se encaramó a la cúspide el Comando Nacional de Trabajadores, CNT, que empujó las protestas de la oposición a Augusto Pinochet, al mando del hoy diputado y entonces dirigente cuprero Rodolfo Seguel.

Brilló con luces propias el ex presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, Manuel Bustos Huerta, quien, junto a Arturo Martínez, fue relegado. Al retornar a Santiago manejó el volante de la CUT y luego fue electo diputado, función que cumplió hasta el día de su temprana muerte en 1999.


 
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